CONCEPTO REGIÓN- ENFOQUES PARA SU ABORDAJE EN ESTA MATERIA
Fuente A: La región como una red viva
"La región no supone una territorialidad más o menos naturalizada y solamente perceptible a través de los sentidos [como el clima o las montañas], sino que tiene que ver con una trama social y relacional que la va configurando temporalmente, a la vez que se presenta como un espacio de interacción dinámico en constante cambio y redefinición."
— Sandra Fernández (2007): "Más allá del territorio: la historia regional y local como problema".
Fuente B: El Noroeste como unidad histórica anterior al Puerto
"El Noroeste Argentino constituye una región histórica. No es una simple delimitación geográfica ni una creación administrativa del Estado central. Antes de que Buenos Aires impusiera su hegemonía aduanera y portuaria, el NOA (Catamarca, Salta, Tucumán, Santiago del Estero y Jujuy) funcionaba como un espacio integrado. Sus comunidades compartían un pasado indígena común (la cultura diaguita-calchaquí), una misma experiencia de colonización que miraba al Perú, y una economía de interconexión. Catamarca no era una provincia aislada: era el gran taller textil de la región, proveedora de lienzos y ponchos, y productora de ganado que se enviaba a las minas de Potosí. El regionalismo del NOA nació como una defensa de esta identidad y de sus mercados internos."
— Armando Raúl Bazán (1992): "El Noroeste Argentino: Historia, geografía, regionalismo" (Adaptación pedagógica).
Las culturas prehispánicas en el antiguo Tucumán
La región histórica del Tucumán fue el territorio más poblado y de mayor nivel cultural del actual territorio argentino, ya que desde el comienzo de la era cristiana se destacaron distintas culturas sedentarias agro-alfareras que trabajaban los metales, en especial el bronce y el oro, vivían en poblados estables y tenían un sistema de ideas y prácticas religiosas. Los diaguitas habitaban los cerros y valles del NOA, en las provincias de Salta, Tucumán, Catamarca y parte de San Juan y Córdoba y el norte chico de Chile, en los valles de Atacama y Coquimbo. Eran agricultores dedicados especialmente al cultivo del maíz, hablaban el cacán y creían en el sentido heroico de la vida. Sin haber logrado una unidad política, tenían estrechas vinculaciones entre las diversas parcialidades que celebraban alianzas cuando se trataba de enfrentar a un enemigo común, como sucedió a la llegada de los españoles. Aún se conservan muchas de sus construcciones llamadas pucarás, como la ciudadela de los Quilmes, el de Aconquija en Andalgalá. Hallazgos arqueológicos como restos de moluscos y mariscos de las costas chilenas en los yacimientos argentinos y la decoración con fauna típica de Argentina como el jaguar, ñandú y quirchincho en los yacimientos chilenos demuestran que las relaciones entre los diaguitas del lado argentino y los del lado chileno eran muy fluidas. Los diaguitas calchaquíes se organizaron en pueblos o parcialidades para aprovechar mejor los recursos naturales. Eran agricultores y recolectores, cultivaban zapallo, maíz y porotos con el agua de ríos, arroyos y vertientes utilizando el sistema de acequias y los andenes de cultivo superpuestos, según las características del terreno. Cosechaban las algarrobas y con ella hacían un pan de alto valor nutritivo, el patay y la aloja, una bebida alcohólica.
Al iniciarse la conquista española, en Catamarca, numerosas tribus poblaban estas tierras, así en Santa María estaban los Quilmes, los tolombones, los yocaviles, los ingamanas y los acalianes. En Belén los hualfines, los famaifiles, culampajaos, en Andalgalá los andalgalás, los tucumangastas o tucumanahos, anconquijas, mallis, huachaschis y huasanes; en Pomán los pomanes, colpeños, belichas, palcipas, mutquines, sijanes y saujiles; en Tinogasta los abaucanes, pituiles, huatungasta, mayupucas y fiambalaos. Todos estos grupos integraban la poderosa parcialidad de los calchaquíes. En la capital estaban los choyanos, en Valle Viejo los motimogastas, los de Polco y los de Antigasta, en Fray Mamerto Esquiú los Sitguagastas y los collagastas, en Ambato los pueblos de Singuil, Colpes y Huaycama, y en Paclin los paquilingastas y los yocongastas. En Capayán estaban los conetas, los de Sichigasta, de Huillapima, Yocagasta, Fachafacha, Ambatagasta y Chumbicha. En santa Rosa vivían los alijilanes y los ovantas. En Ancasti, El Alto y La Paz, vivían los juríes.
POBLAMIENTO PREHISPÁNICO DE CATAMARCA
El libro "Historia prehispánica de Catamarca", escrito por los reconocidos arqueólogos *Eduardo E. Berberián y Julián Salazar, es una obra de referencia que sintetiza de manera magistral los procesos sociales, económicos y políticos de las comunidades originarias que habitaron el actual territorio catamarqueño.
Los autores estructuran el poblamiento a través de *grandes hitos de transformación social.
La secuencia cronológica y los períodos que proponen para entender el poblamiento prehispánico de Catamarca se dividen de la siguiente manera:
Los primeros habitantes (Cazadores-Recolectores)
Desde hace unos 10.000 o 12.000 años hasta el año 3000 a.C.
Dinámica social: Grupos nómadas de bandas pequeñas que ingresaron al territorio catamarqueño a finales de la última glaciación. Se sustentaban mediante la caza de fauna pleistocénica y modernos camélidos (guanacos, vicuñas), combinada con la recolección de frutos silvestres (como el algarrobo y el chañar).
Hitos de transformación: Hacia el final de este período se inician los primeros procesos de experimentación en la domesticación de plantas (como el zapallo y los porotos) y el manejo de rebaños de camélidos (origen de la llama), lo que sembró las bases para el sedentarismo.
La organización de las comunidades en aldeas (Período Temprano)
Dinámica social: Las poblaciones se asientan definitivamente en los valles catamarqueños conformando un modo de vida aldeano. Son sociedades igualitarias o de base tribal donde la unidad doméstica (la familia) es el centro de la producción económica, agrícola y pastoril.
Expresión material:Se consolida una asombrosa maestría alfarera y metalúrgica. En esta etapa se destacan desarrollos locales tradicionales del oeste y centro catamarqueño como las culturas Saujil, Candelaria, Ciénaga y Cóndor Huasi, caracterizadas por sus viviendas dispersas asociadas a campos de cultivo y por una intensa interacción regional.
Expresiones de una incipiente sociedad teocrática (Período Medio o de Integración)
Dinámica social: Catamarca se convierte en el epicentro de un profundo fenómeno de unificación ideológica y religiosa: el fenómeno Aguada. Las sociedades aldeanas se complejizan, dando paso a liderazgos marcados por figuras de sacerdotes o chamanes (sociedades teocráticas). Aparecen las primeras marcadas desigualdades sociales y una intensificación del conflicto o la guerra ritual.
Expresión material: La iconografía se satura de la figura del "felino" (el jaguar) y el "sacrificador". Se construyen centros ceremoniales con plazas y montículos, y la metalúrgica del bronce alcanza un nivel de sofisticación único en el continente.
Las sociedades de los últimos tiempos prehispánicos (Período Tardío o de Desarrollos Regionales)
Dinámica social:Tras el colapso del orden teocrático de Aguada, la población sufre una reorganización demográfica y política. Las comunidades se agrupan en grandes señoríos o jefaturas (asociadas a lo que el registro histórico llamaría el universo Belén y Santamaría / Diaguita). Es una época de gran crecimiento demográfico y marcada competencia por los recursos (tierra y agua).
Expresión material: El paisaje catamarqueño cambia drásticamente. Se abandona la vivienda dispersa y se construyen imponentes pucarás y extensas obras de infraestructura agrícola (terrazas y canales de riego).
Bajo el dominio de los "Orejones" del Cuzco (Período Incaico)
Dinámica social: El territorio de Catamarca es anexado de manera efectiva al Collasuyu (la provincia sur del Imperio Inca). Los incas irrumpen no para destruir a las sociedades locales Tardías, sino para reorganizar su fuerza de trabajo con fines estatales.
Expresión material:Se traza el Qhapaq Ñan (Camino del Inca) a lo largo de la provincia y se erigen colosales centros administrativos, políticos y religiosos. El ejemplo arqueológico más monumental y célebre de este período en Catamarca (y en toda la Argentina) es El Shincal de Quimivil (en la actual Londres), diseñado como una verdadera réplica a escala de la capital cuzqueña.
La desestructuración del universo indígena (Período Hispano-Indígena)
Cronología aproximada:bDesde la primera entrada expedicionaria de Diego de Almagro en 1536 hasta mediados del siglo XVII (con el fin de las Guerras Calchaquíes).
Dinámica social: El fin del poblamiento prehispánico autónomo. Berberián y Salazar analizan en este bloque final cómo el violento proceso de la conquista española quiebra la estructura social local a través de las encomiendas, los traslados forzados de pueblos enteros (desnaturalizaciones) y el impacto biológico de las enfermedades euroasiáticas. La feroz resistencia de los pueblos de los Valles Calchaquíes y del oeste catamarqueño prolongó este período de transición durante más de un siglo antes del control colonial absoluto de la región.
LOS INCAS Y SU IMPERIO
https://youtu.be/Rzodc6cqxtI?si=cffaKcuRvf4aaHhG
Organización territorial:
Cada provincia, denominada wamani estaba dividida en sayas, en las cuales habitaba un
número variable de ayllus. El número de sayas de cada provincia solía basarse en la dualidad, salvo
algunas excepciones, como la de los huancas, donde había 3.
El gobierno imperial era de tipo monárquico teocrático y la máxima autoridad era el Inca,
a quien se atribuía origen divino y se asociaba a los títulos de Apu Inca (divino Inca) o Sapa Inca
(único Inca). El Inca era asistido por el Consejo Imperial, que se conformaba por los gobernantes
de los suyus, el príncipe heredero (auqui), el sumo sacerdote, un amauta u el general del ejército
imperial. El gobernante de cada suyu actuaba como virrey.
Para la anexión de un territorio, el Inca ofrecía múltiples beneficios al curaca o rey de la
zona, si este aceptaba reconocerlos como emperador y ponerse bajo su mando. Estos beneficios
podían ser regalos suntuosos, obras públicas, intercambio de mujeres para crear lazos de
parentesco y, si aceptaban, se le respetaban su posición, y quedaban sometidos a las exigencias
quechuas que eran entregar tierras al Estado, mano de obra, suministrar soldados, etc. Era una
técnica de conquista pacífica basada en la reciprocidad.
Si el pueblo a conquistar no aceptaba la autoridad del Inca, generalmente resultaba una
guerra sangrienta en la que el ejército inca triunfaba, y el castigo al pueblo se decidía según la
duración de esa campaña, el líder vencido era ejecutado, y el pueblo entero podía ser trasladado a
un lugar lejano, o en casos extremos, aniquilado totalmente.
Organización social:
La sociedad inca fue jerárquica y rígida, existiendo grandes diferencias entre las clases
sociales que eran respetadas por todos los habitantes del imperio. Las clases jerarquizadas forman
una pirámide donde el Inca, considerado de origen divino, se encontraba en la cúspide y solía
contraer matrimonio con su hermana mayor, aunque podía tener múltiples concubinas. Era
sucedido por un hijo legítimo que no necesariamente debía ser el primogénito.
Luego seguía la aristocracia, compuesta por los familiares del Inca, ocupaban las altas
jerarquías del imperio y poseían las mejores tierras. También estaban los curacas, de carácter
local, los sacerdotes y aquellos que se destacaron por sus servicios.
Más abajo estaban los agricultores y los artesanos, quienes cultivaban sus tierras y, en
forma gratuita, las de los nobles. En la base de la pirámide estaban los yanaconas o siervos y los
mitimaes o prisioneros de guerra.
Actividad Económica:
La agricultura fue la base de la economía, las tierras eran comunales y se repartían cada
año entre los diversos estratos sociales. Las tierras se trabajaban en forma comunitaria. La base
de la alimentación era el maíz y la papa, que era complementada con carne de llama y alpaca.
También consumían tomates, porotos, zapallos, ají, maní, quinoa y frutas. En las tierras altas
cultivaban coca, para ellos sagrada. Además pescaban y cazaban aves silvestres.
Los incas no sólo cultivaron en los terrenos planos o semi inclinados, sino también en las
laderas de los cerros, donde formaban terrazas con tierra vegetal contenida por muros de piedra.
En las proximidades del Lago Titicaca emplearon los camellones, eran montículos de tierra que
permitieron almacenar y aprovechar mejor el agua. También emplearon abonos para mejorar la
productividad del suelo
Los incas desarrollaron un gran sistema de canales y emplearon un método para asegurar
la conservación y facilitar el almacenamiento y transporte de las papas, éstas se cortaban y
disecaban lo evitaba su descomposición, al momento de consumirlas, eran hidratadas y cocidas.
El comercio no tuvo gran desarrollo, pese a la construcción de una extensa red de
caminos, debido a que desconocían el uso de la rueda y del dinero, por lo que los productos se
intercambiaban entre sí o por trabajo.
El trabajo representó la principal actividad del imperio incaico, y se daba bajo las
siguientes modalidades:
La Mita, era un sistema a favor del Estado donde se movilizaba a multitudes de indígenas
para trabajar por turnos en labores de construcción, caminos, puentes, fortalezas, centros
administrativos, templos, acueductos, explotación de minas, etc. Además existía una mita de
servicios especiales, por ejemplo, cargueros del Sapa Inca, músicos, chasquis, etc. Los obligados a
cumplirlas eran hombres casados, de entre 18 y 50 años.
La Minga, era el trabajo que se realizaba en favor del Ayllu, un trabajo comunal, gratuito y
por turno, donde concurrían muchas familias llevando sus herramientas, comidas y bebidas y se
daba para la construcción de canales de riego, edificios o en la ayuda de las personas
incapacitadas, huérfanos, ancianos y viudas. Cuando se convocaba al trabajo de la minga, nadie se
negaba debido a que podían ser expulsados del ayllu y con ello perdían el derecho a la tierra.
El ayni, es un sistema de trabajo de reciprocidad familiar entre los miembros del ayllu,
destinado a labores agrícolas y la construcción de casas. Consiste en la ayuda de trabajos que hace
un grupo de personas a los miembros de una familia, con la condición que éstos deben
corresponder de igual forma cuando se les necesitare.
El camino del Inca:
La red caminera del Tahuantisuyu, el Qhapaq Ñan o camino del Inca es el camino principal
donde se desprenden una serie de caminos que unen los distintos pueblos del imperio y sale de
Cuzco en dirección a los cuatro Suyos. El Camino del Inca permitió la integración de los pueblos a
través del intercambio de diversos productos, la transmisión de valores culturales y el acceso a los
santuarios incaicos y el desarrollo de prácticas comunes.
El Qhapaq Ñan, que presentaba una longitud de 2.500 Km, se iniciaba en Quito, pasaba por
Cuzco y terminaba en Tucumán. Atravesaba montañas y sierras. En estos caminos había instalados
cada cierta distancia tambos o postas, que eran construcciones que se utilizaban para el
alojamiento del Inca o de los viajeros en misión oficial y también como depósitos de comida, leña,
ropas, forraje, armas y otros productos necesarios para el control estatal. Solían configurarse
como una cancha con variadas funciones, sus paredes eran de piedra, con recintos unidos al muro
principal o a los secundarios, que servían de habitaciones, depósitos, corrales, etc.
Los Chasquis:
Eran los mensajeros personales del Inca, eran jóvenes de 18 a 20 años que conocían
ampliamente el territorio y estaban preparados físicamente desde su juventud para recorrer
rápidamente los caminos del Inca, gracias a su velocidad y resistencia, llevaban una pututu, que
era un caracol para anunciar su llegada, un quipu, donde almacenaban la información y un quipu
sobre sus espaldas para mantener los objetos que debían ser entregados. Los chasquis iniciaban su
recorrido cerca de un tambo y corrían al siguiente donde eran relevados, de esta forma, podrían
cubrir grandes distancias con mucha rapidez.
Religión:
Al igual que las otras comunidades primitivas los incas practicaron una religión politeísta y
sus principales dioses eran Viracocha, dios creador del universo y quien enseñó al hombre a
cultivar la tierra; Inti, el sol, Mama Quilla, la luna, Apullapu, el rayo, Pacha Mama, la tierra, además
el emperador estaba divinizado y era considerado hijo del sol. Divinidades secundarias eran los
dioses tutelares de las tribus, identificados con animales como la serpiente, el perro, el puma, el
cóndor y elementos naturales como el mar, la estrellas, las montañas, etc.
Las ceremonias se celebraban al aire libre y en los templos, donde se veneraba a los dioses
y a los cuales sólo podían ingresar los sacerdotes y los altos funcionarios. El santuario más
importante fue el de Coricancha o templo del sol, que contenía numerosos objetos de culto, con
ídolos de las principales divinidades y las tumbas de todos los emperadores. Existía una poderosa
jerarquía sacerdotal, encabezada por el sumo sacerdote. Las ofrendas raramente exigían la
realización de sacrificios humanos, pero sí muy frecuentemente la ofrenda de flores, bebidas,
hojas de coca o vestidos, que se arrojaban al fuego sagrado. Ciertas calamidades públicas se
atribuían a la inobservancia de algún precepto o ritual, por lo que se exigía su confesión y
expiación para evitar la cólera divina y ahí sí se realizaban sacrificios humanos, por ejemplo, en el
caso del Volcán Llullaillaco.
El pueblo veneraba también sus huacas, lugares sagrados como fuentes, montañas, rocas
o construcciones que se convertían en fetiches por haber estado en contacto con el emperador,
con los antepasados o con sus momias.
Cultura:
Los incas desconocían la escritura pero mantuvieron una importante tradición oral, que
posteriormente los españoles recogieron en textos. Para llevar la contabilidad emplearon el
quipus, un instrumento consistente en una cuerda principal de la pendían muchas otras cuerdas,
de diferentes colores a las que se les hacían nudos para consignar las cantidades y las cosas. Los
encargados de manejarlos eran los quipucamallos.
En arquitectura, emplearon la piedra para levantar construcciones monumentales de gran
sencillez y belleza, aunque no conocían el arco, las columnas ni la bóveda. Sus mejores ejemplos
son el Templo del Sol, en Coricancha y Machu Pichu.
Los artesanos sobresalieron en el trabajo del oro y la plata y la confección de tejidos de
vicuña y algodón y, sobre todo, la elaboración de adornos con plumas de colores.
En cuanto a la cerámica, se caracteriza por la producción de piezas en masa, sus colores
eran el marrón, sepia, rojo, negro, blanco, naranja y morado. Los diseños son frecuentemente
geométricos, predominando rombos, barras, círculos, bandas y triángulos.
LA INFLUENCIA INCAICA EN LA PROVINCIA DE CATAMARCA: Evidencias arqueológicas.
El Shincal de Quimivil
El Shincal se ubica en Londres, Departamento Belén y es uno de los sitios arqueológicos
más emblemáticos del imperio inca en el noroeste argentino. Este asentamiento, construido entre
1471 y 1536, fue un importante centro administrativo y ceremonial, considerado como “la capital”
inca en el NOA.
El Shincal de Quimivil fue incorporado al Kollasuyu, una de las cuatro regiones del Imperio
Inca, tras ser conquistado por Topa Inca Yupanqui en 1471. Su ubicación estratégica lo convirtió en
un nudo crucial del Qhapaq Ñan (la red vial que conectaba los territorios del imperio). Durante su
ocupación, el sitio fue un centro de poder político y ceremonial, reflejando la influencia incaica en
la región.
El Shincal de Quimivil desempeñó una función dual como centro administrativo y
ceremonial. Fue la capital de una wamani o provincia incaica, lo que indica su importancia en la
organización territorial del imperio. Además, su función ceremonial se refleja en estructuras como
el ushnu, una plataforma ritual utilizada por los líderes incas para realizar actos religiosos y
políticos.
El sitio se extiende sobre más de 30 hectáreas y cuenta con un trazado urbano ortogonal (diseño de cuadrilla o manzana cuadrada) característico de los centros políticos regionales incas. Entre sus instalaciones destacan:
-Plaza de Armas o Aukaipata Una gran plaza amurallada de 175 x 175 metros, en cuyo centro se
encuentra el ushnu, un trono ceremonial.
- Kallankas: Cinco grandes galpones que formaban parte del barrio administrativo.
- Acueducto de Piedra: Penetraba hasta la escalinata del ushnu, evidenciando la sofisticación de su
sistema hidráulico.
- Collcas: Veinte almacenes que almacenaban productos agrícolas y otros bienes.
- Sinchihuasi: Residencia de jefes locales o administradores incas.
- Cerros Artificialmente Aplanados: Accesibles por escalinatas, vinculados al culto solar.
El Shincal de Quimivil es un testimonio vivo de la presencia incaica en Argentina y ha sido
declarado Monumento Histórico Nacional desde 1997. Su importancia radica en su arquitectura,
su función dentro del imperio y su papel como encrucijada del Qhapaq Ñan.
El Sitio Potrero-Chaquiago
El sitio Potrero-Chaquiago se ubica en las Sierras de Capillitas, departamento Andalgalá y
es un establecimiento multifuncional construido por orden de las autoridades del Cuzco durante el
Siglo XV. Este asentamiento fue parte del Collasuyu, una de las cuatro regiones del imperio Inca y
desempeñó un papel crucial en la economía regional. Esto les permitió a los incas integrar esta zona a su
vasto imperio y establecer centros administrativos y productivos.
El sitio fue un centro de administración y producción, donde se recolectaban tributos
regionales y se realizaban actividades de producción, acumulación y redistribución de productos
agrícolas. Además, se llevaban a cabo ceremonias y fiestas relacionadas con estos actos
económicos. Potrero-Chaquiago también destacó por su actividad artesanal, incluyendo
metalurgia, tejido y alfarería, lo que lo convirtió en un ejemplo destacado de la economía incaica.
El sitio se extiende sobre una superficie de casi 4,5 hectáreas y está dividido en cinco
sectores arquitectónicos, organizados en tres barrios instalados en colinas. Estos barrios llamados
Los Ábrego, Retambay y La Solana, están separados por un canal y por el río Potrero, que
atraviesan la zona de norte a sur. Entre sus estructuras destacan:
- Plaza de Forma Trapezoidal: En su centro se encuentra una plataforma (Ushnu)que habría funcionado como estructura ceremonial.
- Áreas de Residencia y Cocción de Alimentos: Se distinguen por la presencia de fogones y
estructuras de combustión.
- Depósitos de Almacenaje: collcas, indicativos de la función del sitio como centro de recolección y
redistribución de productos.
- Estructuras Ceremoniales y Habitaciones de Administradores Incaicos: En el conjunto central (kallankas) reflejando su importancia administrativa y ceremonial.
El sitio Potrero-Chaquiago fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1989, lo que
resalta su relevancia cultural y arqueológica en la región.
El Pucará de Aconquija
El Pucará de Aconquija, ubicado en el distrito Aconquija, departamento de Andalgalá,
provincia de Catamarca, es una de las fortalezas incas más destacadas en la frontera sudoriental
del Tawantinsuyu. Este asentamiento arqueológico es un testimonio de la presencia incaica en la
región y su compleja interacción con las sociedades locales.
El Pucará de Aconquija fue construido durante la expansión del Imperio Inca hacia el sur,
específicamente en el contexto de la conquista de las poblaciones diaguitas que habitaban la
región. Aunque los detalles exactos de su construcción son escasos, se sabe que fue ocupado por
poblaciones mitmaqkuna o mitimaes, trasladadas por los incas para controlar y cohesionar a las
sociedades locales en una zona de frontera. El sitio ha sido conocido desde mediados del siglo XIX
y ha sido objeto de estudios que destacan su importancia en el entramado defensivo del imperio.
El Pucará de Aconquija desempeñó una función principalmente defensiva y disuasiva. Su
ubicación estratégica en la cima de una quebrada permitía controlar el acceso a la región y
protegerla de las incursiones de grupos nómades como los Lules. Además, su presencia ayudaba a
mantener el control sobre las poblaciones diaguitas locales, algunas de las cuales resistieron o se
rebelaron contra el dominio inca.
El Pucará de Aconquija se encuentra emplazado sobre una amplia cima amesetada en el
extremo meridional de la sierra de Ambato. Su arquitectura refleja una compleja fortificación que requería una gran cantidad de mano de obra y recursos locales para su construcción. El sitio incluye estructuras de piedra que forman parte de una red defensiva más amplia, conectada por tramos del Qhapaq Ñan, el camino inca que unía los territorios del imperio. Se puede observar:
- Troneras. Son aberturas angostas o pequeñas ventanas en los muros de piedra de los pucarás (fortalezas). Servían como puestos de observación y defensa. Desde adentro, un guerrero inca tenía un ángulo de visión seguro para vigilar el exterior y disparar proyectiles.
-Torrejones Defensivos. Son estructuras o plataformas circulares o cuadrangulares de piedra que sobresalen en altura respecto a las murallas principales. Actuaban como puestos de guardia estratégicos. Se ubicaban en los puntos más altos o vulnerables de la fortaleza para dominar visualmente todo el paisaje.
-Collcas (o Qollqas) Eran los depósitos o silos estatales del imperio. Podían ser de planta circular o rectangular y se construían en hileras, usualmente en las laderas de los cerros para aprovechar las corrientes de aire fresco. Servían para almacenar los excedentes de producción (maíz, papa, quinoa, textiles, armas).
El Pucará de Aconquija ha sido declarado Monumento Histórico Nacional y Patrimonio de
la Humanidad por la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) lo que subraya su importancia cultural y arqueológica. Su integridad
y autenticidad lo convierten en un lugar emblemático para comprender la expansión y el control
incaico en el noroeste argentino.
El Qhapac Ñan o camino del Inca
Los hallazgos arqueológicos demuestran que durante el breve tiempo de ocupación, una importante transformación tuvo lugar en la vida de las poblaciones locales.
Son importantes testimonios de la presencia incaica: El Qhapac Ñan o camino del Inca, que ingresa por la quebrada de Humahuaca, prosigue por los valles occidentales de Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja y San Juan para culminar en el Puente del Inca en Mendoza, antes de cruzar la Cordillera de los Andes. En el diseño de la red vial no sólo se tuvieron en cuenta los intereses económicos del imperio incaico sino también importancia estratégica y sociopolítica regional. De esta forma, instalaciones para distintas funciones como tambos, guarniciones militares (pucarás), centros administrativos, de almacenamiento y de producción, destacaban en la ruta. Se instalaban con el propósito de brindar cobijo y aprovisionar a las caravanas, ejércitos, correos y funcionarios del imperio que atravesaban el territorio.
Evidencias arqueológicas de la influencia incaica en Catamarca
La colonización del territorio Argentino
La colonización del territorio que hoy conforma la Argentina se realizó a través de tres corrientes principales, las cuales respondían a diferentes intereses políticos, económicos y estratégicos de los conquistadores. Dicha colonización iniciaba con la fundación de ciudades en cada sitio asegurado por los españoles.
Estas ciudades tenian una traza común: una plaza mayor, un palo de justicia (símbolo de castigo), y los edificios fundamentales del cabildo y la iglesia, representando los nuevos poderes políticos y religiosos. Sin embargo, no siempre fueron asentamientos estables; muchas ciudades fueron trasladadas, abandonadas o refundadas constantemente debido a las duras condiciones climáticas o la resistencia indígena.
Corriente del Norte (o del Alto Perú)
Esta corriente partió desde la capital del Virreinato del Perú para controlar el noroeste argentino y asegurar la conexión con el centro minero de Potosí.
Santiago del Estero (1553): Fundada por Francisco de Aguirre. Se convirtió en la base de operaciones para avanzar hacia otras regiones y es el asentamiento más antiguo del país que persiste hasta hoy. Desde allí, se expandieron para fundar San Miguel de Tucumán, Córdoba, La Rioja, Jujuy y Catamarca.
San Miguel de Tucumán (1565): Fundada por Diego de Villarroel (por orden de Francisco de Aguirre).
Córdoba (1573): Fundada por Jerónimo Luis de Cabrera.
La Rioja (1591): Fundada por Juan Ramírez de Velasco.
Jujuy (1593): Fundada por Francisco de Argañaraz.
Catamarca (1683): Fundada por Fernando de Mendoza y Mate de Luna.
Corriente desde Chile
Originada en Santiago de Chile, buscaba establecer un control territorial al otro lado de la cordillera para proteger rutas y, eventualmente, buscar una salida al Atlántico.
Mendoza (1561): Fundada por Pedro del Castillo (trasladada al año siguiente por Juan Jufré).
San Juan (1562): Fundada por Juan Jufré.
San Luis (1594): Fundada por Luis Jufré (posteriormente refundada por Martín García Oñez de Loyola).
Corriente desde Asunción
Partiendo desde Asunción, el objetivo primordial era alcanzar el Río de la Plata y consolidar una salida al océano Atlántico.
Santa Fe (1573): Fundada por Juan de Garay.
Buenos Aires (1580): Fundada por Juan de Garay (corresponde a la segunda y definitiva fundación).
Corrientes (1588): Fundada por Juan Torres de Vera y Aragón junto a su sobrino, Alonso de Vera y Aragón.
Este proceso enfrentó una resistencia constante por parte de los pueblos originarios, principalmente diaguitas y calchaquíes, en los conflictos conocidos como las guerras calchaquíes.
LAS GUERRAS CALCHAQUÍES
Primera Guerra Calchaquí
En 1559 el gobernador Juan Pérez de Zurita fundó la ciudad de Córdoba de Calchaquí (en la actual provincia de Salta) y esperaba someter a los aborígenes pero éstos se defendieron enérgicamente. El capitán Julián Cedeño capturó al curaca Chumbicha y Zurita lo utilizó para negociar con su hermano, el curaca de Tolombón, llamado Calchaquí, quien aceptó bautizarse como parte de las negociaciones, adoptando el nombre de Juan Calchaquí.
Posteriormente, al haber comprendido la naturaleza violenta y asimétrica de la figura de la encomienda, Calchaquí se lanzó al ataque contra los españoles a los que atacó expulsándolos de
las tres ciudades fundadas por Zurita (Córdoba de Calchaquí en Salta, Londres en Catamarca y Cañete en Tucumán). Los omaguacas destruyeron la ciudad de Nieva (actual San Salvador de Jujuy) y todos los españoles del NOA se reagruparon en la Ciudad de Santiago del Estero.
En 1563 el Rey de España, Felipe II, decretó la separación del Tucumán de la Capitanía General de Chile, de la cual había dependido hasta entonces. El primer gobernador del Tucumán, Francisco de Aguirre, prefirió no atacar directamente los Valles Calchaquíes, sino rodearlos con nuevas fundaciones. Se refundó Londres cerca de la actual Andalgalá, se fundó San Miguel de Tucumán y Esteco en el sitio conocido como Ibatín y Esteco hacia el norte, como forma de impedir la expansión de la rebelión calchaquí a otras áreas.
Las parcialidades aborígenes de los Valles Calchaquíes dejaron de lado la autoridad de Juan Calchaquí y esta desunión les impidió continuar con el control de algunas localidades fuera de su territorio. El gobernador Gonzalo Abreu de Figueroa lanzó cuatro ataques sobre los valles que aunque no lograron someter a los indígenas, evidenciaron la pérdida de su poder ofensivo.
Los calchaquíes conocían bien cuáles serían las consecuencias de la ocupación española,
ya que sabían de las prácticas realizadas en el corazón del imperio incaico y para ellos, lo más
indeseable era la mita en los yacimientos mineros, tal el caso de Potosí. Como consecuencia de esta efímera sublevación, los españoles perdieron tres de las primeras ciudades que habían fundado en el antiguo Tucumán.
La rebelión de Viltipoco
La fundación de la ciudad de Salta en 1582 obligó a los aborígenes pulares a someterse a la encomienda. Después se fundarían las ciudades de la Rioja y San Salvador de Jujuy. Mientras que
los diaguitas se sometieron sin mucha resistencia, los indígenas de la actual provincia de Jujuy se
rebelaron en 1594.
Viltipoco, cacique de Purmamarca, reunió un ejército de cerca de 10.000 guerreros pulares, omaguacas y calchaquíes, a los que se unió el curaca de los ocloyas, llamado Laisa.
La situación fue bastante crítica para los españoles, ya que se les cortaba la comunicación con el Alto Perú, región de la que provenían los refuerzos y armamentos que podían llegar a recibir. Los españoles resistieron el ataque de Laisa que huyó hasta los territorios de los chiriguanos, pero no los pudo convencer para unirlos a la rebelión. El fundador de Jujuy,. Francisco de Argañaraz y Murguía se infiltró en la Quebrada de Humahuaca y atacó por sorpresa el campamento enemigo, matando a los principales jefes y capturando a Viltipoco, que fue llevado a Jujuy y luego a Santiago del Estero, donde murió en prisión algunos años después.
Segunda Guerra Calchaquí
LA RESISTENCIA DIAGUITA: CHALEMÍN Y EL GRAN ALZAMIENTO (1630-1643)
El detonante: un insulto a la dignidad indígena
Hacia 1627, la relación entre los conquistadores españoles y las comunidades diaguitas de los valles estaba en un punto crítico. Los españoles intentaban someter a los indígenas al duro sistema de la encomienda (trabajo obligatorio). En ese contexto, asumió el cargo un nuevo gobernador español, Felipe de Albornoz, quien llegó con una actitud muy agresiva.
Siguiendo una vieja costumbre de cortesía, el cacique Chalemín (líder de los indios Hualfines, en el actual departamento de Belén, Catamarca) envió a uno de sus hijos acompañado por una delegación de 200 guerreros para saludar al nuevo gobernador en Santiago del Estero.
Pero el gobernador Albornoz cometió un grave error: por sospechas infundadas, mandó a azotar públicamente a los emisarios y les cortó el cabello. Para la cultura diaguita, el cabello largo era un símbolo de estatus, orgullo y dignidad; cortárselo por la fuerza representaba la peor de las humillaciones. Los mensajeros regresaron a los valles sedientos de justicia y decididos a no tolerar más abusos.
Estalla la rebelión: la gran confederación de Chalemín
El ultraje del gobernador Albornoz fue la chispa que encendió el conflicto más grande de la época colonial en el norte argentino, conocido como el Gran Alzamiento (1630-1643).
Chalemín se convirtió en el alma y el cerebro militar de la rebelión. Con una enorme capacidad política, logró unir a parcialidades indígenas que antes estaban enemistadas, creando una gigantesca confederación diaguita que incluyó a los hualfines, andalgalás, famatinas, capayanes y guandacoles, cubriendo un territorio de combate que iba desde el norte de Catamarca hasta el sur de La Rioja. En Catamarca, los indios de Sínguil, apoyados por los de Aconquija, Malli y Guasán, se sumaron de inmediato a la lucha.
El triunfo militar de Chalemín: la caída de Londres
El gran golpe militar de Chalemín ocurrió en la ciudad de Londres (ubicada en ese entonces en el actual departamento de Belén, Catamarca).
Chalemín lideró un asalto masivo contra la ciudad. Con gran inteligencia táctica, se apoderó de la toma de agua que abastecía a la población española. Sin agua, bajo un sol abrasador y rodeados por las fuerzas diaguitas, los españoles sufrieron bajas irreparables. El capitán español Luis de Cabrera no tuvo más opción que evacuar por completo la ciudad y emprender una penosa huida hacia La Rioja.
Esta gran victoria de Chalemín hizo desaparecer la presencia española en toda la jurisdicción de Londres, demostrando la enorme efectividad militar de las tácticas diaguitas.
El sitio de La Rioja y la llegada de auxilios (1631-1632)
Tras la caída de Londres, las huestes de Chalimín avanzaron y pusieron sitio a la ciudad de La Rioja a finales de 1631. Los indígenas realizaron tres feroces asaltos en un intento de destruir la ciudad. Cabrera debió construir de urgencia un fuerte en la quebrada del río para asegurar el suministro de agua y defender la plaza.
La situación española era desesperada hasta que en 1632 arribaron tropas de auxilio enviadas desde Chile al mando de Juan Adaro de Arrazola, quienes iniciaron violentas campañas de castigo en el valle de Famatina y Guandacol, logrando capturar y ejecutar a líderes aliados como el cacique Cornihuela.
La refundación de Londres en Pomán y la guerra de desgaste (1633-1635)
Buscando recuperar el control del territorio catamarqueño, el 15 de septiembre de 1633, los españoles fundaron por tercera vez la ciudad de Londres, esta vez en el paraje de Pomán, sirviendo como base de operaciones militares en pleno corazón del área rebelde.
La guerra se transformó en una campaña de desgaste. Albornoz ordenó sistemáticamente "talar las sementeras" (destruir los cultivos de maíz y alimentos de los diaguitas) para asfixiar a las comunidades por hambre y obligarlas a bajar de sus inexpugnables refugios en los cerros.
El trágico final de un héroe regional
Durante siete años, los rebeldes diaguitas mantuvieron en jaque al Imperio Español en el NOA, destruyendo ciudades, bloqueando caminos y defendiendo sus valles de montaña. Sin embargo, la superioridad en armas de fuego y la llegada de tropas de auxilio desde Chile y el Alto Perú comenzaron a inclinar la balanza a favor de los colonizadores.
En 1637, tras una agotadora campaña de desgaste, el comandante español Pedro Ramírez de Contreras logró emboscar y tomar prisionero a Chalemín en el valle de Hualfín.
Para los españoles, Chalemín era un enemigo sumamente peligroso que debía ser eliminado para dar un escarmiento ejemplar. No hubo clemencia. El líder diaguita fue condenado a morir ahorcado y descuartizado en su propio pueblo. Como mensaje de terror para frenar futuras rebeliones, los conquistadores clavaron su cabeza en una pica en la plaza de La Rioja, y su brazo derecho en la plaza de Londres de Pomán.
Final y desnaturalización (1638-1643)
Aunque la muerte de Chalimín descabezó militarmente la confederación, la resistencia no terminó inmediatamente. Grupos de hualfines y abaucanes, bajo el mando de nuevos líderes como Ramiro, continuaron combatiendo en los cerros de manera aislada.
Hacia 1642, tras extenuantes campañas dirigidas por Nieva y Castilla, los últimos focos rebeldes de Catamarca se rindieron debido al hambre y al acoso militar. Los vencedores aplicaron una política drástica de desnaturalización: las comunidades diaguitas sobrevivientes fueron desarraigadas de su suelo nativo y trasladas a la fuerza para ser repartidas como mano de obra en estancias de La Rioja y Córdoba, despoblando casi por completo los valles catamarqueños y dando fin definitivo al Gran Alzamiento.
Tercera Guerra Calchaquí
La tercera Guerra Calchaquí se extendió por ocho años (1658-1667). Esta guerra tuvo la particularidad de que, en sus inicios, actuó un aventurero andaluz, Pedro Bohorquez, quien sostenía ser Inca, el Inca Hualpa, fue aceptado como líder militar por los paziocas. Bohórquez maniobró con astucia, obtuvo incluso el apoyo de los jesuitas y organizó un sólido ejército indígena de 6000 guerreros con el que mantuvo el control de la región durante varios años. Sin embargo, en 1959 se entregó a los españoles con la intención de ser indultado, quienes lo enviaron a Lima y, finalmente, lo ejecutaron mediante la horca. La confederación continuó la guerra dirigida por José Henríquez. Al ser vencido el señorío de los quilmes en 1665, que condujo la tercera guerra Calchaquí, los españoles dispusieron el completo desarraigo y deportación a los pagos pampeanos cercanos a Buenos Aires, de sus 11.000 miembros donde finalmente desaparecieron como etnia. En ese lugar hoy se levanta la ciudad de Quilmes. La guerra terminó el 2 de enero de 1667 al caer el último bastión diaguita (el de los acalianes o galianos), localizado en Amaicha del Valle. Los valles quedaron despoblados y la economía de Tucumán, seriamente afectada por décadas. Respecto de los deportados, al tener mayor contacto con los europeos, rápidamente perdieron población por las enfermedades y por las fugas. En 1812 la reducción fue abolida por el gobierno revolucionario, quedando en su manos la mayoría de la tierra y fundándose una villa.
EL PAPEL DE LA IGLESIA EN LA COLONIZACION DEL NOA Y CATAMARCA
La instalación de las órdenes religiosas en Catamarca
La instalación de las órdenes religiosas en Catamarca comenzó con la llegada del
obispo Fray Fernando de Trejo y Sanabria en 1596, quien inició la organización parroquial en la
región. Se establecieron los primeros curatos, como el del Valle Rectoral, Londres y Maquijata,
atendidos por sacerdotes del clero secular, con el objetivo de evangelizar y educar a la
población indígena y española. A lo largo del siglo XVII y XVIII, la creación de nuevas
parroquias y la división de curatos respondieron a la creciente necesidad de atención religiosa y
espiritual, consolidando la influencia de la Iglesia en la vida social y cultural de Catamarca. En
nuestra provincia, fueron tres las órdenes religiosas que se instalaron: mercedarios, jesuitas y
franciscanos.
Los mercedarios: Los mercedarios se establecieron alrededor de 1750 y su fundador fue Fray
Pablo Riquel de la Barrera y su Casa se llamó Hospicio de San Sulpicio. En 1771, el Hospicio
tenía capilla y seis celdas y disponía de varias propiedades otorgadas en capellanías para su
sostenimiento. En 1822, el Cabildo de la Ciudad de Catamarca, decidió suprimir y expulsar a la
orden y en su lugar, con los bienes que le fueron otorgados, se fundó un colegio de enseñanza
secundaria, el Colegio del Huerto, hoy FASTA.
Los franciscanos: La obra de los franciscanos se inició con su llegada a la región en el Siglo
XVI cuando comenzaron a establecer misiones y curatos con el objetivo de evangelizar a la
población. Se dedicaron especialmente a la atención espiritual, la educación y el servicio de los
más necesitados, promoviendo un estilo de vida que reflejaba los valores de San Francisco de
Asís.
En las comunidades indígenas, enseñaban el catecismo y promovían la fe católica.
Establecieron escuelas y curatos donde se instruía en la religión y en oficios prácticos como la
agricultura y las artesanías facilitando su integración a la sociedad colonial. Esta acción fue
labor educativa fue fundamental para la formación de una nueva identidad cultural que
combinaba elementos indígenas y cristianos.
A lo largo de los siglos XVII y XVIII fundaron varias misiones en Catamarca que se
convirtieron en centros de vida comunitaria y espiritual, ya que además de servir para la
evangelización funcionaban también como puntos de encuentro para la comunidad y realizaban
actividades sociales y culturales. A modo de ejemplo, la misión de San Francisco de Asís, se
estableció como un importante centro religioso, educativo y cultural de la región.
Los jesuitas: Llegaron a Catamarca a inicios del Siglo XVII y XVIII, enfocándose en la
evangelización y educación de las comunidades indígenas y mestizas. Establecieron misiones y
reducciones, donde promovieron la enseñanza del catecismo, así como habilidades prácticas en
agricultura y artesanía, buscando integrar a los indígenas en la sociedad colonial. Los jesuitas
también se destacaron por su labor en la protección de los derechos de los pueblos originarios,
abogando por su bienestar y defendiendo su dignidad frente a abusos. Su influencia se reflejó en
la cultura local, contribuyendo a la formación de una identidad que combinaba elementos
indígenas y cristianos, y dejando un legado perdurable en la historia de Catamarca.
Los jesuitas fundaron varias misiones en Catamarca, que se convirtieron en centros de
vida comunitaria y espiritual. Estas misiones, como la de San Francisco de Asís, ofrecían un
espacio donde los indígenas podían recibir educación religiosa y formación en oficios prácticos,
como la agricultura, la carpintería y la artesanía. A través de esta educación, los jesuitas
buscaban mejorar las condiciones de vida de los indígenas y fomentar su autosuficiencia.
La labor educativa de los jesuitas fue fundamental en la formación de una nueva élite
mestiza en Catamarca. Implementaron un sistema educativo que incluía la enseñanza de la
lengua española, la lectura, la escritura y la formación en valores cristianos. Además,
promovieron la cultura local, integrando elementos indígenas en su enseñanza y fomentando un
diálogo entre las tradiciones nativas y la fe católica.
Los jesuitas se destacaron por su compromiso con la defensa de los derechos de los
pueblos indígenas. Abogaron por su bienestar y dignidad, denunciando abusos y promoviendo
leyes que protegieran a las comunidades nativas de la explotación por parte de los
encomenderos. Su labor en este sentido les permitió ganar la confianza de los indígenas, quienes
a menudo veían a los jesuitas como aliados en la lucha por sus derechos. El legado de los
jesuitas en Catamarca se manifiesta en la influencia que tuvieron en la cultura y la educación de
la región. Sin embargo, su obra se vio interrumpida en 1767, cuando fueron expulsados de los
territorios españoles por orden del rey Carlos III. A pesar de su expulsión, el impacto de su
labor perduró, ya que sentaron las bases para la educación y la integración social en Catamarca,
dejando una huella en la historia y la identidad cultural de la región.
TENSIONES ENTRE LA IGLESIA CATÓLICA Y LOS ENCOMENDEROS:
El intento de regulación del trabajo indígena en el Tucumán Colonial
CONTEXTO HISTÓRICO
Durante los primeros decenios de la dominación española en el Tucumán, se extendió el uso del "servicio personal". Mediante este mecanismo, los encomenderos explotaban la mano de obra indígena de manera gratuita en sus chacras y estancias, sometiendo a las comunidades a condiciones extremas que menoscababan su libertad y provocaban un grave deterioro demográfico. Legalmente, los encomenderos estaban obligados a costear un «cura doctrinero» o misionero para instruir a los indígenas encomendados en la fe cristiana. Sin embargo, la institución se desvirtuó, ya que en la práctica los encomenderos preferían utilizaban a los nativos para el «servicio personal» sin garantizar su educación ni su sustento.
Ante esta realidad, voces de la Iglesia como el obispo Francisco de Victoria (1586) y el obispo Fernando de Trejo y Sanabria (1610) denunciaron ante la Corona que los aborígenes eran tratados «muchas veces peor que esclavos». Por inspiración del jesuita Diego de Torres y por orden de la Real Audiencia de Charcas, el oidor Francisco de Alfaro recorrió la región y promulgó en Santiago del Estero, el 7 de enero de 1612, un cuerpo de 120 artículos destinados a proteger a los indígenas y abolir los abusos feudales.
FRAGMENTOS ADAPTADOS DE LAS ORDENANZAS DE ALFARO (1612)
Art. 1:
«Declárase totalmente abolido el régimen de servicio personal obligatorio. Ningún encomendero podrá obligar a los indios a trabajar gratuitamente en sus granjas, estancias, telares o viviendas bajo pretexto de encomienda»
.
Art. 2:
«En sustitución del servicio personal, los indios encomendados pagarán a su encomendero una tasa o tributo anual regulado. Esta obligación rige exclusivamente para los varones de entre 18 y 50 años de edad»
.
Art. 3:
«Quedan absolutamente exentas del pago de tributo y de cualquier trabajo obligatorio las mujeres de cualquier edad. Asimismo, quedan exentos los alcaldes indígenas, los sacristanes y los cantores de las iglesias»
.
Art. 4:
«Queda expresamente prohibido vender a los indios o desarraigar y trasladar a sus pueblos originarios desde sus tierras nativas hacia las estancias o propiedades de los encomenderos»
.
Art. 5:
«Se garantiza a los naturales la absoluta libertad para contraer matrimonio con quien elijan, sin que los encomenderos puedan impedirlo o imponer parejas. Es obligación del encomendero costear la mantención de un cura doctrinero para la enseñanza de la fe»
.
LA REACCIÓN DE LOS ENCOMENDEROS
La promulgación de las Ordenanzas desató una tormenta de protestas entre los vecinos encomenderos del Tucumán. Argumentaban ante las autoridades reales que las leyes eran de «imposible cumplimiento» y acusaban a los indígenas de ser «incapaces, indolentes y holgazanes», afirmando que sin la coacción del trabajo obligatorio las ciudades coloniales se irían a la ruina.
Aunque el Rey confirmó las Ordenanzas por Real Cédula en 1618, en la práctica la gobernación del Tucumán fue una de las regiones donde menos se acataron e implementaron estas normas protectoras, persistiendo los abusos que derivaron tiempo después en los grandes alzamientos diaguitas.
LA ORGANIZACION RELIGIOSA EN CATAMARCA COLONIAL
Los Primeros Curatos en Catamarca
Los primeros curatos en Catamarca fueron el curato del Valle o Rectoral, el curato de Londres y el curato de Maquijata y a medida que la población creció, especialmente tras la fundación de La Rioja en 1591, se incrementó la necesidad de nuevos curatos. El obispo Fray Fernando de Trejo y Sanabria fundó varios curatos para atender a la creciente población.
El curato del Valle ya existía en 1600, y su primer sacerdote fue el Lic. Gaspar de Medina. Este curato comprendía los actuales departamentos de Paclín, Ambato y Fray Mamerto Esquiú. Por su parte, Valle Viejo y Capital, formaban parte de la jurisdicción de San Miguel de Tucumán y después pasaron a este curato.
El curato de Londres fue creado en 1607 y comprendía los actuales departamentos de Belén, Santa María, Andalgalá, Pomán, Tinogasta y Antofagasta de la Sierra. Cuando en 1681 Bartolomé de Olmos y Aguilera fundó la actual ciudad de Belén, el curato tomó este nombre.
El curato de Maquijata, también fue creado por Fray Trejo y Sanabria a principios del
Siglo XVII y comprendía las actuales parroquias de Santa Rosa, El Alto, Ancasti, La Paz y
Frías.
Importancia organizativa de los Curatos
En medio de este vasto territorio, la vida cotidiana de las personas no estaba organizada por funcionarios civiles, sino por la figura del cura párroco y la institución del curato. La Iglesia Católica no solo administraba la fe; era la estructura que definía quién era cada persona, dónde vivía, cuánto debía pagar y de qué manera se integraba a la comunidad.
En la sociedad hispánica, la identidad legal y el destino de una persona comenzaban en el instante en que el sacerdote lo inscribía en el libro parroquial de bautismo.
Sin registros civiles estatales, los libros de bautismos, matrimonios y defunciones eran los únicos documentos de identidad vigentes en las Indias. En sus páginas, el cura no solo anotaba el nombre del recién nacido y de sus padres, sino que le asignaba una categoría social rígida: "español", "indio", "mestizo", "mulato" o "esclavo".
Esta clasificación en los libros parroquiales determinaba el resto de la vida del individuo, definía si debía pagar el tributo indígena, si estaba exento de impuestos por ser español, si podía acceder a cargos públicos en el Cabildo o si nacía bajo la trágica condición de servidumbre o esclavitud.
Para las autoridades coloniales, saber cuántas personas habitaban los rincones más alejados de las montañas catamarqueñas era una tarea imposible. Por eso, la Corona dependía casi por completo de la labor de la Iglesia para conocer la realidad demográfica de sus fronteras. Periódicamente, el párroco salía del templo del pueblo cabecera y emprendía largas travesías a lomo de mula cruzando ríos, quebradas. Su misión era confeccionar las Matrículas o padrones eclesiásticos. El sacerdote visitaba estancia por estancia, puesto por puesto, contando a cada habitante, evaluando su estado de salud y registrando quiénes vivían en la jurisdicción. Gracias a estos censos parroquiales, el Gobernador y el Rey sabían con precisión qué población viva sustentaba el territorio y cómo se desplegaba la sociedad rural en las fronteras andinas.
El curato no era únicamente un centro espiritual y de registro, sino también un poderoso centro de recaudación económica. Para sostener la infraestructura religiosa y la vida del sacerdote, la Iglesia administraba un complejo sistema fiscal. Por un lado, se cobraban aranceles religiosos por la administración de los sacramentos: cada casamiento, velatorio o entierro tenía un costo regulado. Por otro lado, se recaudaba el diezmo, un impuesto que gravaba la décima parte de la producción agrícola y ganadera de la zona (granos, ganado, telas y frutos de la tierra).
Esta riqueza recaudada no solo permitía levantar templos, mantener escuelas y financiar la vida del cura, sino que sus excedentes se derivaban hacia el Obispado y las arcas de la Real Hacienda del Rey.
A pesar de ser una sociedad fuertemente jerarquizada y cruzada por tensiones de casta y clase, el curato cumplía tambien la función de articular la identidad y el ritmo de la vida comunitaria. El calendario de la Iglesia marcaba los días de trabajo, el descanso y los períodos festivos. El punto cumbre de esta unión social se vivía durante las fiestas patronales y las procesiones. Por ejemplo, alrededor del santuario y de la devoción a la Virgen del Valle, españoles, criollos, mestizos, aborígenes y afrodescendientes se congregaban en la misma plaza y bajo el mismo culto. En esas jornadas de oración, música y feria, las marcadas diferencias de la jerarquía colonial se atenuaban temporalmente, permitiendo que la población compartiera un espacio común de pertenencia y fe que le dio forma a la identidad profunda del pueblo catamarqueño.
La devoción a la Virgen del Valle ha sido fundamental en la formación de la identidad cultural de Catamarca y sus alrededores. A lo largo de los años, el santuario ha sido un punto de referencia para la comunidad, influyendo en la fundación de la ciudad y en la organización social y económica de la región. La Virgen del Valle no solo es considerada la protectora de los habitantes, sino que también ha inspirado festividades y celebraciones que fortalecen los lazos comunitarios y la fe católica.
La ciudad
colonial
El descubrimiento de América permitió a los españoles
poner en práctica un nuevo sistema de urbanización, ordenado y sistemático que
fue la planta de damero. Según este diseño las calles eran rectas y se cruzaban
perpendicularmente unas con otras, conformando manzanas y cuadras de tamaño
similar. En el centro se situaba la Plaza Mayor y a su alrededor, los terrenos para
los edificios públicos, las órdenes religiosas y los solares de los vecinos. En
las proximidades se levantaban viviendas dedicadas a la producción como chacras
y huertas y también se encontraba la zona de pastos comunales.
Las ciudades coloniales tenían características
particulares, según era su función, por ejemplo, las cercanas a los puertos se
fortificaban en la línea de costa para impedir los ataques piratas, las de
zonas habitadas por aborígenes hostiles eran fuertes cerrados por los cuatro
lados, mientras que las ciudades de escala, que eran lugares de descanso a
medio camino entre dos centros (por ejemplo Salta y Tucumán) contaban con
edificaciones acordes a las necesidades de
los viajeros.
Instituciones
políticas:
Virrey: era el representante del rey, estaba
autorizado para repartir tierras y solares y para autorizar la venta pública.
Debía preocuparse por fomentar la actividad colonizadora procurando la
fundación de nuevos poblados y ciudades y la formación del censo poblacional. A
su cargo corría la superintendencia de obras públicas.
Todas las autoridades del virreinato debían
consultarle antes de adoptar resoluciones de importancia. Sólo los adelantados
estaban fuera de su jurisdicción.
Audiencia: sus funciones de gobierno eran diversas,
pero predominaban las de carácter judicial. Era el organismo más importante del
sistema de justicia y contra sus fallos sólo se podía, en algunos casos, apelar
ante el Consejo de Indias. Los presidentes cumplían también una serie de funciones
políticos administrativas como velar por el mantenimiento del orden y el buen
gobierno de las ciudades, cuidar la real hacienda y preservar la legislación
relativa de las encomiendas de indios y de los derechos de los naturales.
Gobernador: Era la autoridad regional que ejercía
la máxima autoridad política, militar y judicial.
Cabildo: Cumplía diversas funciones políticas y
judiciales, como impartir justicia en casos civiles y criminales, fijar el
precio de los artículos de consumo, y velar por el progreso de la ciudad. Teniente
gobernador: Era el delegado del gobernador y tenía el mando militar y político
en una ciudad de importancia y su territorio jurisdiccional.
La
sociedad colonial
Los latinoamericanos somos producto de tres grupos
raciales básicos: los blancos, los
aborígenes y los negros. Los aborígenes eran la población autóctona, los primeros blancos eran europeos o hijos de europeos nacidos en América, mientras que los
negros recién ingresaron masivamente en el siglo XVIII y eran de origen africano. A partir del cruce entre estos
tres grupos se originaron tipos nuevos que están presentes en la mayoría de las
poblaciones latinas.
Indígenas:
Antes de la llegada de Cristóbal Colón, la población indígena fue calculada en
unos doce millones de personas que se distribuían desigualmente a lo largo y
ancho de todo el territorio. Los lugares de mayor concentración fueron Mesoamérica y los Andes centrales. Aunque las Leyes
de Indias los consideraban libres y
súbditos de la Corona, su realidad era muy distinta, ya que estaban sometidos
a los encomenderos en una relación de servidumbre
muy desfavorable. Tras el final de las guerras
calchaquíes, su número disminuyó
considerablemente.
Blancos:
Los primeros pobladores blancos fueron los conquistadores
y sus familias y después los colonos
europeos que fueron llegando en busca de una mejor posición social y
económica. Al principio, la Corona no concedía licencia de emigración a los
extranjeros y limitaba las de las mujeres solo a aquellas que estuvieran
casadas. Esta situación favoreció las uniones matrimoniales de blancos con indígenas y una entrada de inmigración clandestina. Con el tiempo
se permitió la entrada de mujeres solteras, pero siguió frenando la de los
extranjeros. Este grupo minoritario era el sector
privilegiado de la sociedad
colonial. Sus miembros ejercían las funciones
de gobierno y tenían el beneficio
económico de las encomiendas. De este grupo también formaban parte los sacerdotes que desarrollaron las
funciones de evangelización teniendo un rol destacado en la sociedad.
Negros:
cuando la mano de obra indígena disminuyó, se hizo necesaria la introducción de
esclavos africanos que eran capturados en las costas africanas. Esta actividad se convirtió en un gran negocio, sobre todo en las zonas
litorales y el litoral atlántico. El negocio beneficiaba a los dueños de plantaciones que eran abastecidos de
mano de obra, y también a las compañías negreras europeas. Se estima que casi
la mitad de los esclavos perecieron por el hacinamiento en
los barcos y la imposibilidad de aclimatación
(proceso mediante el cual el organismo se adapta a un cambio en su entorno).
Poco a poco, indígenas, blancos y negros se fueron
mezclando y a este proceso se le llamó mestizaje. Del mestizaje surgieron
nuevas castas o mezclas como los mestizos (español e indígena), mulatos (español y negro) y zambo (indígena y negro).
Actividades
económicas:
Minería:
en 1545 los españoles descubrieron la “sierra de Plata” y la encontraron en Potosí. Los mineros se enriquecieron,
La Corona española tuvo importantes ingresos y durante más de dos siglos, esa
ciudad fue el polo económico del
Virreinato del Perú. En Tucumán,
también se manifestó la codicia por las riquezas mineras. La sierra de Famatina
se extraía, plata bronce y cobre.
Agricultura:
cada una de las ciudades del Tucumán
fue tipificando determinados cultivos,
tanto para cubrir las necesidades de consumo, como para comercializar los excedentes en las demás ciudades de la región y abastecer a Potosí. Catamarca producía algodón de muy buena calidad cuya fibra se utilizaba para fabricar lienzos y pabilos. El primero se
utilizaba en la confección de “ropa de la tierra”, que junto con los tejidos de
lana de oveja y llama resolvían los problemas de indumentaria de los sectores
populares, en cuanto al pabilo se empleaba para la fabricación de velas y tenía
muy buen mercado en todo el Tucumán y el potosí. También se cosechaba ají y las viñas servían para la
elaboración del aguardiente.
La Rioja
producía vinos, pasas de uvas y pelones. Tucumán
poseía bosques naturales con madera de muy buena calidad que se empleaba para
la fabricación de carretas.
Ganadería:
la ganadería indígena estaba compuesta por los camélidos americanos. Los españoles
introdujeron los animales de Castilla: ovejas, vacas, caballos, asnos y
mulares.
Artesanía e
industrias: el algodón de excelente calidad cultivado en el valle de
Catamarca fue la base de una próspera industria, la fabricación de lienzos. También se fabricaban ponchos de lana de vicuña y oveja, pellones para las cabalgaduras, colchas y cubrecamas de lana bordados.
En la Sierra de Ancasti eran muy importantes las
artesanías de cuero y suelas que se exportaban
a Córdoba y Buenos Aires. También se fabricaban petacas, monturas, lazos y riendas.
Impacto de la Revolución de Mayo en Catamarca
El 31 de agosto de 1810 fue elegido José Antonio Olmos de Aguilera como diputado por Catamarca para integrarse a la Junta establecida en Buenos Aires, ciudad a la que debía viajar cuanto antes, para “establecer la forma de gobierno que se considere más conveniente”, de acuerdo con el contenido de la carta-circular del 27 de mayo, que había llegado al Cabildo de Catamarca el 22 de junio.
La elección del diputado por Catamarca fue el escenario donde empezaron a hacerse visibles las posturas de los dos bandos políticos conformados por intrincadas redes familiares. por un lado, el bando realista encabezado por el gallego Francisco de Acuña, entre los que se contaba a los Correa, los Ruzo, los Herrera, los Vera, entre otros, y por el otro, el bando de los revolucionarios, en el que se sobresalían los nombres de José Antonio Olmos y Aguilera, Feliciano de la Mota Botello, Nicolás de Avellaneda y Tula, Bernardino de Ahumada y Barros, José Manuel de Figueroa Cáceres, Juan Nicolás de Cubas, Félix Plá, entre otros tantos.
El 23 de julio de 1810 se había convocado a los vecinos para la elección del diputado. realizado el escrutinio, resultó electo Francisco de Acuña, pero impedimentos legales le imposibilitaron su juramento, pues no reunía los requisitos de ser americano de nacimiento y de no tener empleo rentado de la Corona. Se hizo necesario, entonces, el llamado a un nuevo Cabildo Abierto para el 31 de agosto del mismo año, donde se volvió a realizar la elección del diputado, recayendo en la persona de José Antonio Olmos de Aguilera, que había tenido un reñido triunfo superando por sólo ocho votos a uno de los hijos de Francisco de Acuña. La elección de Olmos y Aguilera fue el primer revés serio del grupo realista, a pesar de la escasa diferencia de votos. Como es lógico, estos enfrentamientos afectaron a la sociedad de la época, ya que en muchos casos, existían lazos de parentesco y amistad entre los miembros de las distintas familias enfrentadas en estos conflictos.
Después de unos meses, el 12 de noviembre, al mediodía, llegó correspondencia que fue abierta en la sesión del cabildo catamarqueño. Allí se leyó un oficio del diputado José Antonio Olmos de Aguilera, fechado en Buenos Aires, en el que informaba que había sido presentado ante la excelentísima Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata y pedí que “se le imponga de lo útil que ofrezca a este Pueblo para representarlo”. El 29 de noviembre, a través de una proclama, el diputado Olmos de Aguilera denunció a “los enemigos de Mayo” en clara alusión al grupo realista. A partir de allí, su elección como diputado fue objeto de diversas impugnaciones por parte de sus opositores, pertenecientes al bando de los Acuña. Una de esas impugnaciones, firmada por Bernabé Correa y Navarro, “perteneciente a la camarilla de los Acuña”, informaba a la Junta que la mayoría de los votos que obtuvo Olmos de Aguilera eran viciados de nulidad y declaró que debió triunfar el Dr. Pedro Ignacio de Acuña (hijo de Francisco de Acuña), manifiestamente superior a Olmos. Se aclaraba que entre los votantes de Olmos, “se incluían muchos parientes consanguíneos suyos, consanguíneos políticos, naturales, los de personas que estos introdujeron que no habían sido invitados”. En otra de las impugnaciones, a cargo de Félix de Castro, se informó a la Junta que Francisco de Acuña era hombre de “rectas y sanas intenciones” dando a entender que sus opositores tenían otras.
El enfrentamiento entre los bandos llegó a uno de sus puntos máximos menos de un mes después, el 22 de diciembre de 1810, en plena sesión del Cabildo de Catamarca. Había fallecido en esos días, Santiago Leiva, electo como regidor y se hacía necesario cubrir el cargo. Entonces, el alcalde de primer voto, Gregorio Segura, propuso en lugar Leiva a Marcelino Vera. Inmediatamente, Domingo López de Barreda, un arequipeño que era alcalde de segundo voto del cabildo dijo en voz alta que se oponía a la moción de Segura porque Vera era pariente de la esposa de Francisco de Acuña, “quien hace más de treinta años, ha sido el déspota de esta República”. Otra vez el escenario se presentaba para medir fuerzas entre los dos bandos que manejaban la política local. Rápidamente, López de Barreda, claramente opositor a Acuña, mociona para ocupar el cargo a Félix Plá, un montevideano que más tarde se encontrará vinculado a la fabricación de pólvora para el ejército de Belgrano. Es interesante remarcar que López de Barreda impugna a Marcelino de Vera por su parentesco político con Acuña, pero pareció no importarte que Félix Plá estaba casado con una cuñada del flamante Comandante de Armas y enemigo de Acuña, Feliciano de la Mota Botello, de lo que resulta que eran concuñados. Esta situación nos hace pensar que en la Catamarca de 1810 las relaciones de parentesco se observaban en algunos casos y en otros no. Como el enfrentamiento continúa, el alcalde de primer voto, Gregorio de Segura, que había propuesto inicialmente al pariente de la esposa de Francisco de Acuña, rechaza el nombre de Félix Plá argumentando que todo el mundo conocía que el uruguayo era insolvente y que “se mantenía a expensas del Señor Comandante actual de Armas”, su concuñado.
Como se expuso, la elección del diputado José Antonio Olmos de Aguilera generó un evidente enfrentamiento con el bando encabezado por Francisco de Acuña. Pero estos conflictos tenían ya su antigüedad en el tiempo. Existieron situaciones en las vidas de estos referentes políticos de la época que rozaban lo público y lo privado, antes de 1810. De estudios del Mg Marcelo Gershani Oviedo, se desprende que, en 1804, el Alcalde de segundo voto denunció ante el virrey que JOsé Antonio Olmos de Aguilera, “desde hace dos años”, mientras era alcalde de segundo voto, mantiene una “amistad ilícita con señora casada”. Esta situación generó la realización de un expediente que se encuentra en el Archivo General de la Nación. Ese documento muestra que el denunciante fue nadie menos que el gobernador de armas y sargento mayor de la ciudad de Catamarca, su enemigo político Francisco de Acuña
Comentarios
Publicar un comentario