CONCEPTO REGIÓN- ENFOQUES PARA SU ABORDAJE EN ESTA MATERIA
Fuente A: La región como una red viva
"La región no supone una territorialidad más o menos naturalizada y solamente perceptible a través de los sentidos [como el clima o las montañas], sino que tiene que ver con una trama social y relacional que la va configurando temporalmente, a la vez que se presenta como un espacio de interacción dinámico en constante cambio y redefinición."
— Sandra Fernández (2007): "Más allá del territorio: la historia regional y local como problema".
Fuente B: El Noroeste como unidad histórica anterior al Puerto
"El Noroeste Argentino constituye una región histórica. No es una simple delimitación geográfica ni una creación administrativa del Estado central. Antes de que Buenos Aires impusiera su hegemonía aduanera y portuaria, el NOA (Catamarca, Salta, Tucumán, Santiago del Estero y Jujuy) funcionaba como un espacio integrado. Sus comunidades compartían un pasado indígena común (la cultura diaguita-calchaquí), una misma experiencia de colonización que miraba al Perú, y una economía de interconexión. Catamarca no era una provincia aislada: era el gran taller textil de la región, proveedora de lienzos y ponchos, y productora de ganado que se enviaba a las minas de Potosí. El regionalismo del NOA nació como una defensa de esta identidad y de sus mercados internos."
— Armando Raúl Bazán (1992): "El Noroeste Argentino: Historia, geografía, regionalismo" (Adaptación pedagógica).
Las culturas prehispánicas en el antiguo Tucumán
La región histórica del Tucumán fue el territorio más poblado y de mayor nivel cultural del actual territorio argentino, ya que desde el comienzo de la era cristiana se destacaron distintas culturas sedentarias agro-alfareras que trabajaban los metales, en especial el bronce y el oro, vivían en poblados estables y tenían un sistema de ideas y prácticas religiosas. Los diaguitas habitaban los cerros y valles del NOA, en las provincias de Salta, Tucumán, Catamarca y parte de San Juan y Córdoba y el norte chico de Chile, en los valles de Atacama y Coquimbo. Eran agricultores dedicados especialmente al cultivo del maíz, hablaban el cacán y creían en el sentido heroico de la vida. Sin haber logrado una unidad política, tenían estrechas vinculaciones entre las diversas parcialidades que celebraban alianzas cuando se trataba de enfrentar a un enemigo común, como sucedió a la llegada de los españoles. Aún se conservan muchas de sus construcciones llamadas pucarás, como la ciudadela de los Quilmes, el de Aconquija en Andalgalá. Hallazgos arqueológicos como restos de moluscos y mariscos de las costas chilenas en los yacimientos argentinos y la decoración con fauna típica de Argentina como el jaguar, ñandú y quirchincho en los yacimientos chilenos demuestran que las relaciones entre los diaguitas del lado argentino y los del lado chileno eran muy fluidas. Los diaguitas calchaquíes se organizaron en pueblos o parcialidades para aprovechar mejor los recursos naturales. Eran agricultores y recolectores, cultivaban zapallo, maíz y porotos con el agua de ríos, arroyos y vertientes utilizando el sistema de acequias y los andenes de cultivo superpuestos, según las características del terreno. Cosechaban las algarrobas y con ella hacían un pan de alto valor nutritivo, el patay y la aloja, una bebida alcohólica.
Al iniciarse la conquista española, en Catamarca, numerosas tribus poblaban estas tierras, así en Santa María estaban los Quilmes, los tolombones, los yocaviles, los ingamanas y los acalianes. En Belén los hualfines, los famaifiles, culampajaos, en Andalgalá los andalgalás, los tucumangastas o tucumanahos, anconquijas, mallis, huachaschis y huasanes; en Pomán los pomanes, colpeños, belichas, palcipas, mutquines, sijanes y saujiles; en Tinogasta los abaucanes, pituiles, huatungasta, mayupucas y fiambalaos. Todos estos grupos integraban la poderosa parcialidad de los calchaquíes. En la capital estaban los choyanos, en Valle Viejo los motimogastas, los de Polco y los de Antigasta, en Fray Mamerto Esquiú los Sitguagastas y los collagastas, en Ambato los pueblos de Singuil, Colpes y Huaycama, y en Paclin los paquilingastas y los yocongastas. En Capayán estaban los conetas, los de Sichigasta, de Huillapima, Yocagasta, Fachafacha, Ambatagasta y Chumbicha. En santa Rosa vivían los alijilanes y los ovantas. En Ancasti, El Alto y La Paz, vivían los juríes.
POBLAMIENTO PREHISPÁNICO DE CATAMARCA
El libro "Historia prehispánica de Catamarca", escrito por los reconocidos arqueólogos *Eduardo E. Berberián y Julián Salazar, es una obra de referencia que sintetiza de manera magistral los procesos sociales, económicos y políticos de las comunidades originarias que habitaron el actual territorio catamarqueño.
Los autores estructuran el poblamiento a través de *grandes hitos de transformación social.
La secuencia cronológica y los períodos que proponen para entender el poblamiento prehispánico de Catamarca se dividen de la siguiente manera:
Los primeros habitantes (Cazadores-Recolectores)
Desde hace unos 10.000 o 12.000 años hasta el año 3000 a.C.
Dinámica social: Grupos nómadas de bandas pequeñas que ingresaron al territorio catamarqueño a finales de la última glaciación. Se sustentaban mediante la caza de fauna pleistocénica y modernos camélidos (guanacos, vicuñas), combinada con la recolección de frutos silvestres (como el algarrobo y el chañar).
Hitos de transformación: Hacia el final de este período se inician los primeros procesos de experimentación en la domesticación de plantas (como el zapallo y los porotos) y el manejo de rebaños de camélidos (origen de la llama), lo que sembró las bases para el sedentarismo.
La organización de las comunidades en aldeas (Período Temprano)
Dinámica social: Las poblaciones se asientan definitivamente en los valles catamarqueños conformando un modo de vida aldeano. Son sociedades igualitarias o de base tribal donde la unidad doméstica (la familia) es el centro de la producción económica, agrícola y pastoril.
Expresión material:Se consolida una asombrosa maestría alfarera y metalúrgica. En esta etapa se destacan desarrollos locales tradicionales del oeste y centro catamarqueño como las culturas Saujil, Candelaria, Ciénaga y Cóndor Huasi, caracterizadas por sus viviendas dispersas asociadas a campos de cultivo y por una intensa interacción regional.
Expresiones de una incipiente sociedad teocrática (Período Medio o de Integración)
Dinámica social: Catamarca se convierte en el epicentro de un profundo fenómeno de unificación ideológica y religiosa: el fenómeno Aguada. Las sociedades aldeanas se complejizan, dando paso a liderazgos marcados por figuras de sacerdotes o chamanes (sociedades teocráticas). Aparecen las primeras marcadas desigualdades sociales y una intensificación del conflicto o la guerra ritual.
Expresión material: La iconografía se satura de la figura del "felino" (el jaguar) y el "sacrificador". Se construyen centros ceremoniales con plazas y montículos, y la metalúrgica del bronce alcanza un nivel de sofisticación único en el continente.
Las sociedades de los últimos tiempos prehispánicos (Período Tardío o de Desarrollos Regionales)
Dinámica social:Tras el colapso del orden teocrático de Aguada, la población sufre una reorganización demográfica y política. Las comunidades se agrupan en grandes señoríos o jefaturas (asociadas a lo que el registro histórico llamaría el universo Belén y Santamaría / Diaguita). Es una época de gran crecimiento demográfico y marcada competencia por los recursos (tierra y agua).
Expresión material: El paisaje catamarqueño cambia drásticamente. Se abandona la vivienda dispersa y se construyen imponentes pucarás y extensas obras de infraestructura agrícola (terrazas y canales de riego).
Bajo el dominio de los "Orejones" del Cuzco (Período Incaico)
Dinámica social: El territorio de Catamarca es anexado de manera efectiva al Collasuyu (la provincia sur del Imperio Inca). Los incas irrumpen no para destruir a las sociedades locales Tardías, sino para reorganizar su fuerza de trabajo con fines estatales.
Expresión material:Se traza el Qhapaq Ñan (Camino del Inca) a lo largo de la provincia y se erigen colosales centros administrativos, políticos y religiosos. El ejemplo arqueológico más monumental y célebre de este período en Catamarca (y en toda la Argentina) es El Shincal de Quimivil (en la actual Londres), diseñado como una verdadera réplica a escala de la capital cuzqueña.
La desestructuración del universo indígena (Período Hispano-Indígena)
Cronología aproximada:bDesde la primera entrada expedicionaria de Diego de Almagro en 1536 hasta mediados del siglo XVII (con el fin de las Guerras Calchaquíes).
Dinámica social: El fin del poblamiento prehispánico autónomo. Berberián y Salazar analizan en este bloque final cómo el violento proceso de la conquista española quiebra la estructura social local a través de las encomiendas, los traslados forzados de pueblos enteros (desnaturalizaciones) y el impacto biológico de las enfermedades euroasiáticas. La feroz resistencia de los pueblos de los Valles Calchaquíes y del oeste catamarqueño prolongó este período de transición durante más de un siglo antes del control colonial absoluto de la región.
LOS INCAS Y SU IMPERIO
https://youtu.be/Rzodc6cqxtI?si=cffaKcuRvf4aaHhG
Organización territorial:
Cada provincia, denominada wamani estaba dividida en sayas, en las cuales habitaba un
número variable de ayllus. El número de sayas de cada provincia solía basarse en la dualidad, salvo
algunas excepciones, como la de los huancas, donde había 3.
El gobierno imperial era de tipo monárquico teocrático y la máxima autoridad era el Inca,
a quien se atribuía origen divino y se asociaba a los títulos de Apu Inca (divino Inca) o Sapa Inca
(único Inca). El Inca era asistido por el Consejo Imperial, que se conformaba por los gobernantes
de los suyus, el príncipe heredero (auqui), el sumo sacerdote, un amauta u el general del ejército
imperial. El gobernante de cada suyu actuaba como virrey.
Para la anexión de un territorio, el Inca ofrecía múltiples beneficios al curaca o rey de la
zona, si este aceptaba reconocerlos como emperador y ponerse bajo su mando. Estos beneficios
podían ser regalos suntuosos, obras públicas, intercambio de mujeres para crear lazos de
parentesco y, si aceptaban, se le respetaban su posición, y quedaban sometidos a las exigencias
quechuas que eran entregar tierras al Estado, mano de obra, suministrar soldados, etc. Era una
técnica de conquista pacífica basada en la reciprocidad.
Si el pueblo a conquistar no aceptaba la autoridad del Inca, generalmente resultaba una
guerra sangrienta en la que el ejército inca triunfaba, y el castigo al pueblo se decidía según la
duración de esa campaña, el líder vencido era ejecutado, y el pueblo entero podía ser trasladado a
un lugar lejano, o en casos extremos, aniquilado totalmente.
Organización social:
La sociedad inca fue jerárquica y rígida, existiendo grandes diferencias entre las clases
sociales que eran respetadas por todos los habitantes del imperio. Las clases jerarquizadas forman
una pirámide donde el Inca, considerado de origen divino, se encontraba en la cúspide y solía
contraer matrimonio con su hermana mayor, aunque podía tener múltiples concubinas. Era
sucedido por un hijo legítimo que no necesariamente debía ser el primogénito.
Luego seguía la aristocracia, compuesta por los familiares del Inca, ocupaban las altas
jerarquías del imperio y poseían las mejores tierras. También estaban los curacas, de carácter
local, los sacerdotes y aquellos que se destacaron por sus servicios.
Más abajo estaban los agricultores y los artesanos, quienes cultivaban sus tierras y, en
forma gratuita, las de los nobles. En la base de la pirámide estaban los yanaconas o siervos y los
mitimaes o prisioneros de guerra.
Actividad Económica:
La agricultura fue la base de la economía, las tierras eran comunales y se repartían cada
año entre los diversos estratos sociales. Las tierras se trabajaban en forma comunitaria. La base
de la alimentación era el maíz y la papa, que era complementada con carne de llama y alpaca.
También consumían tomates, porotos, zapallos, ají, maní, quinoa y frutas. En las tierras altas
cultivaban coca, para ellos sagrada. Además pescaban y cazaban aves silvestres.
Los incas no sólo cultivaron en los terrenos planos o semi inclinados, sino también en las
laderas de los cerros, donde formaban terrazas con tierra vegetal contenida por muros de piedra.
En las proximidades del Lago Titicaca emplearon los camellones, eran montículos de tierra que
permitieron almacenar y aprovechar mejor el agua. También emplearon abonos para mejorar la
productividad del suelo
Los incas desarrollaron un gran sistema de canales y emplearon un método para asegurar
la conservación y facilitar el almacenamiento y transporte de las papas, éstas se cortaban y
disecaban lo evitaba su descomposición, al momento de consumirlas, eran hidratadas y cocidas.
El comercio no tuvo gran desarrollo, pese a la construcción de una extensa red de
caminos, debido a que desconocían el uso de la rueda y del dinero, por lo que los productos se
intercambiaban entre sí o por trabajo.
El trabajo representó la principal actividad del imperio incaico, y se daba bajo las
siguientes modalidades:
La Mita, era un sistema a favor del Estado donde se movilizaba a multitudes de indígenas
para trabajar por turnos en labores de construcción, caminos, puentes, fortalezas, centros
administrativos, templos, acueductos, explotación de minas, etc. Además existía una mita de
servicios especiales, por ejemplo, cargueros del Sapa Inca, músicos, chasquis, etc. Los obligados a
cumplirlas eran hombres casados, de entre 18 y 50 años.
La Minga, era el trabajo que se realizaba en favor del Ayllu, un trabajo comunal, gratuito y
por turno, donde concurrían muchas familias llevando sus herramientas, comidas y bebidas y se
daba para la construcción de canales de riego, edificios o en la ayuda de las personas
incapacitadas, huérfanos, ancianos y viudas. Cuando se convocaba al trabajo de la minga, nadie se
negaba debido a que podían ser expulsados del ayllu y con ello perdían el derecho a la tierra.
El ayni, es un sistema de trabajo de reciprocidad familiar entre los miembros del ayllu,
destinado a labores agrícolas y la construcción de casas. Consiste en la ayuda de trabajos que hace
un grupo de personas a los miembros de una familia, con la condición que éstos deben
corresponder de igual forma cuando se les necesitare.
El camino del Inca:
La red caminera del Tahuantisuyu, el Qhapaq Ñan o camino del Inca es el camino principal
donde se desprenden una serie de caminos que unen los distintos pueblos del imperio y sale de
Cuzco en dirección a los cuatro Suyos. El Camino del Inca permitió la integración de los pueblos a
través del intercambio de diversos productos, la transmisión de valores culturales y el acceso a los
santuarios incaicos y el desarrollo de prácticas comunes.
El Qhapaq Ñan, que presentaba una longitud de 2.500 Km, se iniciaba en Quito, pasaba por
Cuzco y terminaba en Tucumán. Atravesaba montañas y sierras. En estos caminos había instalados
cada cierta distancia tambos o postas, que eran construcciones que se utilizaban para el
alojamiento del Inca o de los viajeros en misión oficial y también como depósitos de comida, leña,
ropas, forraje, armas y otros productos necesarios para el control estatal. Solían configurarse
como una cancha con variadas funciones, sus paredes eran de piedra, con recintos unidos al muro
principal o a los secundarios, que servían de habitaciones, depósitos, corrales, etc.
Los Chasquis:
Eran los mensajeros personales del Inca, eran jóvenes de 18 a 20 años que conocían
ampliamente el territorio y estaban preparados físicamente desde su juventud para recorrer
rápidamente los caminos del Inca, gracias a su velocidad y resistencia, llevaban una pututu, que
era un caracol para anunciar su llegada, un quipu, donde almacenaban la información y un quipu
sobre sus espaldas para mantener los objetos que debían ser entregados. Los chasquis iniciaban su
recorrido cerca de un tambo y corrían al siguiente donde eran relevados, de esta forma, podrían
cubrir grandes distancias con mucha rapidez.
Religión:
Al igual que las otras comunidades primitivas los incas practicaron una religión politeísta y
sus principales dioses eran Viracocha, dios creador del universo y quien enseñó al hombre a
cultivar la tierra; Inti, el sol, Mama Quilla, la luna, Apullapu, el rayo, Pacha Mama, la tierra, además
el emperador estaba divinizado y era considerado hijo del sol. Divinidades secundarias eran los
dioses tutelares de las tribus, identificados con animales como la serpiente, el perro, el puma, el
cóndor y elementos naturales como el mar, la estrellas, las montañas, etc.
Las ceremonias se celebraban al aire libre y en los templos, donde se veneraba a los dioses
y a los cuales sólo podían ingresar los sacerdotes y los altos funcionarios. El santuario más
importante fue el de Coricancha o templo del sol, que contenía numerosos objetos de culto, con
ídolos de las principales divinidades y las tumbas de todos los emperadores. Existía una poderosa
jerarquía sacerdotal, encabezada por el sumo sacerdote. Las ofrendas raramente exigían la
realización de sacrificios humanos, pero sí muy frecuentemente la ofrenda de flores, bebidas,
hojas de coca o vestidos, que se arrojaban al fuego sagrado. Ciertas calamidades públicas se
atribuían a la inobservancia de algún precepto o ritual, por lo que se exigía su confesión y
expiación para evitar la cólera divina y ahí sí se realizaban sacrificios humanos, por ejemplo, en el
caso del Volcán Llullaillaco.
El pueblo veneraba también sus huacas, lugares sagrados como fuentes, montañas, rocas
o construcciones que se convertían en fetiches por haber estado en contacto con el emperador,
con los antepasados o con sus momias.
Cultura:
Los incas desconocían la escritura pero mantuvieron una importante tradición oral, que
posteriormente los españoles recogieron en textos. Para llevar la contabilidad emplearon el
quipus, un instrumento consistente en una cuerda principal de la pendían muchas otras cuerdas,
de diferentes colores a las que se les hacían nudos para consignar las cantidades y las cosas. Los
encargados de manejarlos eran los quipucamallos.
En arquitectura, emplearon la piedra para levantar construcciones monumentales de gran
sencillez y belleza, aunque no conocían el arco, las columnas ni la bóveda. Sus mejores ejemplos
son el Templo del Sol, en Coricancha y Machu Pichu.
Los artesanos sobresalieron en el trabajo del oro y la plata y la confección de tejidos de
vicuña y algodón y, sobre todo, la elaboración de adornos con plumas de colores.
En cuanto a la cerámica, se caracteriza por la producción de piezas en masa, sus colores
eran el marrón, sepia, rojo, negro, blanco, naranja y morado. Los diseños son frecuentemente
geométricos, predominando rombos, barras, círculos, bandas y triángulos.
LA INFLUENCIA INCAICA EN LA PROVINCIA DE CATAMARCA: Evidencias arqueológicas.
El Shincal de Quimivil
El Shincal se ubica en Londres, Departamento Belén y es uno de los sitios arqueológicos
más emblemáticos del imperio inca en el noroeste argentino. Este asentamiento, construido entre
1471 y 1536, fue un importante centro administrativo y ceremonial, considerado como “la capital”
inca en el NOA.
El Shincal de Quimivil fue incorporado al Kollasuyu, una de las cuatro regiones del Imperio
Inca, tras ser conquistado por Topa Inca Yupanqui en 1471. Su ubicación estratégica lo convirtió en
un nudo crucial del Qhapaq Ñan (la red vial que conectaba los territorios del imperio). Durante su
ocupación, el sitio fue un centro de poder político y ceremonial, reflejando la influencia incaica en
la región.
El Shincal de Quimivil desempeñó una función dual como centro administrativo y
ceremonial. Fue la capital de una wamani o provincia incaica, lo que indica su importancia en la
organización territorial del imperio. Además, su función ceremonial se refleja en estructuras como
el ushnu, una plataforma ritual utilizada por los líderes incas para realizar actos religiosos y
políticos.
El sitio se extiende sobre más de 30 hectáreas y cuenta con un trazado urbano ortogonal (diseño de cuadrilla o manzana cuadrada) característico de los centros políticos regionales incas. Entre sus instalaciones destacan:
-Plaza de Armas o Aukaipata Una gran plaza amurallada de 175 x 175 metros, en cuyo centro se
encuentra el ushnu, un trono ceremonial.
- Kallankas: Cinco grandes galpones que formaban parte del barrio administrativo.
- Acueducto de Piedra: Penetraba hasta la escalinata del ushnu, evidenciando la sofisticación de su
sistema hidráulico.
- Collcas: Veinte almacenes que almacenaban productos agrícolas y otros bienes.
- Sinchihuasi: Residencia de jefes locales o administradores incas.
- Cerros Artificialmente Aplanados: Accesibles por escalinatas, vinculados al culto solar.
El Shincal de Quimivil es un testimonio vivo de la presencia incaica en Argentina y ha sido
declarado Monumento Histórico Nacional desde 1997. Su importancia radica en su arquitectura,
su función dentro del imperio y su papel como encrucijada del Qhapaq Ñan.
El Sitio Potrero-Chaquiago
El sitio Potrero-Chaquiago se ubica en las Sierras de Capillitas, departamento Andalgalá y
es un establecimiento multifuncional construido por orden de las autoridades del Cuzco durante el
Siglo XV. Este asentamiento fue parte del Collasuyu, una de las cuatro regiones del imperio Inca y
desempeñó un papel crucial en la economía regional. Esto les permitió a los incas integrar esta zona a su
vasto imperio y establecer centros administrativos y productivos.
El sitio fue un centro de administración y producción, donde se recolectaban tributos
regionales y se realizaban actividades de producción, acumulación y redistribución de productos
agrícolas. Además, se llevaban a cabo ceremonias y fiestas relacionadas con estos actos
económicos. Potrero-Chaquiago también destacó por su actividad artesanal, incluyendo
metalurgia, tejido y alfarería, lo que lo convirtió en un ejemplo destacado de la economía incaica.
El sitio se extiende sobre una superficie de casi 4,5 hectáreas y está dividido en cinco
sectores arquitectónicos, organizados en tres barrios instalados en colinas. Estos barrios llamados
Los Ábrego, Retambay y La Solana, están separados por un canal y por el río Potrero, que
atraviesan la zona de norte a sur. Entre sus estructuras destacan:
- Plaza de Forma Trapezoidal: En su centro se encuentra una plataforma (Ushnu)que habría funcionado como estructura ceremonial.
- Áreas de Residencia y Cocción de Alimentos: Se distinguen por la presencia de fogones y
estructuras de combustión.
- Depósitos de Almacenaje: collcas, indicativos de la función del sitio como centro de recolección y
redistribución de productos.
- Estructuras Ceremoniales y Habitaciones de Administradores Incaicos: En el conjunto central (kallankas) reflejando su importancia administrativa y ceremonial.
El sitio Potrero-Chaquiago fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1989, lo que
resalta su relevancia cultural y arqueológica en la región.
El Pucará de Aconquija
El Pucará de Aconquija, ubicado en el distrito Aconquija, departamento de Andalgalá,
provincia de Catamarca, es una de las fortalezas incas más destacadas en la frontera sudoriental
del Tawantinsuyu. Este asentamiento arqueológico es un testimonio de la presencia incaica en la
región y su compleja interacción con las sociedades locales.
El Pucará de Aconquija fue construido durante la expansión del Imperio Inca hacia el sur,
específicamente en el contexto de la conquista de las poblaciones diaguitas que habitaban la
región. Aunque los detalles exactos de su construcción son escasos, se sabe que fue ocupado por
poblaciones mitmaqkuna o mitimaes, trasladadas por los incas para controlar y cohesionar a las
sociedades locales en una zona de frontera. El sitio ha sido conocido desde mediados del siglo XIX
y ha sido objeto de estudios que destacan su importancia en el entramado defensivo del imperio.
El Pucará de Aconquija desempeñó una función principalmente defensiva y disuasiva. Su
ubicación estratégica en la cima de una quebrada permitía controlar el acceso a la región y
protegerla de las incursiones de grupos nómades como los Lules. Además, su presencia ayudaba a
mantener el control sobre las poblaciones diaguitas locales, algunas de las cuales resistieron o se
rebelaron contra el dominio inca.
El Pucará de Aconquija se encuentra emplazado sobre una amplia cima amesetada en el
extremo meridional de la sierra de Ambato. Su arquitectura refleja una compleja fortificación que requería una gran cantidad de mano de obra y recursos locales para su construcción. El sitio incluye estructuras de piedra que forman parte de una red defensiva más amplia, conectada por tramos del Qhapaq Ñan, el camino inca que unía los territorios del imperio. Se puede observar:
- Troneras. Son aberturas angostas o pequeñas ventanas en los muros de piedra de los pucarás (fortalezas). Servían como puestos de observación y defensa. Desde adentro, un guerrero inca tenía un ángulo de visión seguro para vigilar el exterior y disparar proyectiles.
-Torrejones Defensivos. Son estructuras o plataformas circulares o cuadrangulares de piedra que sobresalen en altura respecto a las murallas principales. Actuaban como puestos de guardia estratégicos. Se ubicaban en los puntos más altos o vulnerables de la fortaleza para dominar visualmente todo el paisaje.
-Collcas (o Qollqas) Eran los depósitos o silos estatales del imperio. Podían ser de planta circular o rectangular y se construían en hileras, usualmente en las laderas de los cerros para aprovechar las corrientes de aire fresco. Servían para almacenar los excedentes de producción (maíz, papa, quinoa, textiles, armas).
El Pucará de Aconquija ha sido declarado Monumento Histórico Nacional y Patrimonio de
la Humanidad por la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) lo que subraya su importancia cultural y arqueológica. Su integridad
y autenticidad lo convierten en un lugar emblemático para comprender la expansión y el control
incaico en el noroeste argentino.
El Qhapac Ñan o camino del Inca
Los hallazgos arqueológicos demuestran que durante el breve tiempo de ocupación, una importante transformación tuvo lugar en la vida de las poblaciones locales.
Son importantes testimonios de la presencia incaica: El Qhapac Ñan o camino del Inca, que ingresa por la quebrada de Humahuaca, prosigue por los valles occidentales de Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja y San Juan para culminar en el Puente del Inca en Mendoza, antes de cruzar la Cordillera de los Andes. En el diseño de la red vial no sólo se tuvieron en cuenta los intereses económicos del imperio incaico sino también importancia estratégica y sociopolítica regional. De esta forma, instalaciones para distintas funciones como tambos, guarniciones militares (pucarás), centros administrativos, de almacenamiento y de producción, destacaban en la ruta. Se instalaban con el propósito de brindar cobijo y aprovisionar a las caravanas, ejércitos, correos y funcionarios del imperio que atravesaban el territorio.
Evidencias arqueológicas de la influencia incaica en Catamarca
La colonización del territorio Argentino
La colonización del territorio que hoy conforma la Argentina se realizó a través de tres corrientes principales, las cuales respondían a diferentes intereses políticos, económicos y estratégicos de los conquistadores. Dicha colonización iniciaba con la fundación de ciudades en cada sitio asegurado por los españoles.
Estas ciudades tenian una traza común: una plaza mayor, un palo de justicia (símbolo de castigo), y los edificios fundamentales del cabildo y la iglesia, representando los nuevos poderes políticos y religiosos. Sin embargo, no siempre fueron asentamientos estables; muchas ciudades fueron trasladadas, abandonadas o refundadas constantemente debido a las duras condiciones climáticas o la resistencia indígena.
Corriente del Norte (o del Alto Perú)
Esta corriente partió desde la capital del Virreinato del Perú para controlar el noroeste argentino y asegurar la conexión con el centro minero de Potosí.
Santiago del Estero (1553): Fundada por Francisco de Aguirre. Se convirtió en la base de operaciones para avanzar hacia otras regiones y es el asentamiento más antiguo del país que persiste hasta hoy. Desde allí, se expandieron para fundar San Miguel de Tucumán, Córdoba, La Rioja, Jujuy y Catamarca.
San Miguel de Tucumán (1565): Fundada por Diego de Villarroel (por orden de Francisco de Aguirre).
Córdoba (1573): Fundada por Jerónimo Luis de Cabrera.
La Rioja (1591): Fundada por Juan Ramírez de Velasco.
Jujuy (1593): Fundada por Francisco de Argañaraz.
Catamarca (1683): Fundada por Fernando de Mendoza y Mate de Luna.
Corriente desde Chile
Originada en Santiago de Chile, buscaba establecer un control territorial al otro lado de la cordillera para proteger rutas y, eventualmente, buscar una salida al Atlántico.
Mendoza (1561): Fundada por Pedro del Castillo (trasladada al año siguiente por Juan Jufré).
San Juan (1562): Fundada por Juan Jufré.
San Luis (1594): Fundada por Luis Jufré (posteriormente refundada por Martín García Oñez de Loyola).
Corriente desde Asunción
Partiendo desde Asunción, el objetivo primordial era alcanzar el Río de la Plata y consolidar una salida al océano Atlántico.
Santa Fe (1573): Fundada por Juan de Garay.
Buenos Aires (1580): Fundada por Juan de Garay (corresponde a la segunda y definitiva fundación).
Corrientes (1588): Fundada por Juan Torres de Vera y Aragón junto a su sobrino, Alonso de Vera y Aragón.
Este proceso enfrentó una resistencia constante por parte de los pueblos originarios, principalmente diaguitas y calchaquíes, en los conflictos conocidos como las guerras calchaquíes.
LAS GUERRAS CALCHAQUÍES
Primera Guerra Calchaquí
En 1559 el gobernador Juan Pérez de Zurita fundó la ciudad de Córdoba de Calchaquí (en la actual provincia de Salta) y esperaba someter a los aborígenes pero éstos se defendieron enérgicamente. El capitán Julián Cedeño capturó al curaca Chumbicha y Zurita lo utilizó para negociar con su hermano, el curaca de Tolombón, llamado Calchaquí, quien aceptó bautizarse como parte de las negociaciones, adoptando el nombre de Juan Calchaquí.
Posteriormente, al haber comprendido la naturaleza violenta y asimétrica de la figura de la encomienda, Calchaquí se lanzó al ataque contra los españoles a los que atacó expulsándolos de
las tres ciudades fundadas por Zurita (Córdoba de Calchaquí en Salta, Londres en Catamarca y Cañete en Tucumán). Los omaguacas destruyeron la ciudad de Nieva (actual San Salvador de Jujuy) y todos los españoles del NOA se reagruparon en la Ciudad de Santiago del Estero.
En 1563 el Rey de España, Felipe II, decretó la separación del Tucumán de la Capitanía General de Chile, de la cual había dependido hasta entonces. El primer gobernador del Tucumán, Francisco de Aguirre, prefirió no atacar directamente los Valles Calchaquíes, sino rodearlos con nuevas fundaciones. Se refundó Londres cerca de la actual Andalgalá, se fundó San Miguel de Tucumán y Esteco en el sitio conocido como Ibatín y Esteco hacia el norte, como forma de impedir la expansión de la rebelión calchaquí a otras áreas.
Las parcialidades aborígenes de los Valles Calchaquíes dejaron de lado la autoridad de Juan Calchaquí y esta desunión les impidió continuar con el control de algunas localidades fuera de su territorio. El gobernador Gonzalo Abreu de Figueroa lanzó cuatro ataques sobre los valles que aunque no lograron someter a los indígenas, evidenciaron la pérdida de su poder ofensivo.
Los calchaquíes conocían bien cuáles serían las consecuencias de la ocupación española,
ya que sabían de las prácticas realizadas en el corazón del imperio incaico y para ellos, lo más
indeseable era la mita en los yacimientos mineros, tal el caso de Potosí. Como consecuencia de esta efímera sublevación, los españoles perdieron tres de las primeras ciudades que habían fundado en el antiguo Tucumán.
La rebelión de Viltipoco
La fundación de la ciudad de Salta en 1582 obligó a los aborígenes pulares a someterse a la encomienda. Después se fundarían las ciudades de la Rioja y San Salvador de Jujuy. Mientras que
los diaguitas se sometieron sin mucha resistencia, los indígenas de la actual provincia de Jujuy se
rebelaron en 1594.
Viltipoco, cacique de Purmamarca, reunió un ejército de cerca de 10.000 guerreros pulares, omaguacas y calchaquíes, a los que se unió el curaca de los ocloyas, llamado Laisa.
La situación fue bastante crítica para los españoles, ya que se les cortaba la comunicación con el Alto Perú, región de la que provenían los refuerzos y armamentos que podían llegar a recibir. Los españoles resistieron el ataque de Laisa que huyó hasta los territorios de los chiriguanos, pero no los pudo convencer para unirlos a la rebelión. El fundador de Jujuy,. Francisco de Argañaraz y Murguía se infiltró en la Quebrada de Humahuaca y atacó por sorpresa el campamento enemigo, matando a los principales jefes y capturando a Viltipoco, que fue llevado a Jujuy y luego a Santiago del Estero, donde murió en prisión algunos años después.
Segunda Guerra Calchaquí
La situación de los indígenas encomendados era muy dura, pero la escasez de españoles en el Tucumán les permitía cierto grado de autonomía. Cuando el gobernador Felipe de Albornoz llegó a Santiago del Estero para asumir su cargo, los curacas de los pueblos indígenas enviaron delegaciones para saludarlo, de acuerdo a las tradiciones. Entre ellos iban 200 indígenas de Hualfín con quienes, por causas que se ignoran, el gobernador se disgustó y mandó a azotar y cortarles el cabello, siendo esto una gran ofensa para los calchaquíes. El cacique de Hualfín, de nombre Chalimín, también conocido como Celemín, inició una rebelión contra los españoles. A su convocatoria, los distintos pueblos intercambiaban flechas como símbolo de alianzas y expulsaron y mataron a sus encomenderos. Las comunidades que participaron activamente fueron los diaguitas de las actuales provincias de Catamarca y La Rioja, pero también se incorporaron los calchaquíes, pulares y olongastas. El alzamiento se inició en julio de 1630 con la matanza del encomendero Juan Ortín de Urbina y su familia en el pueblo de Malcachisco y, seguidamente, hubo otros alzamientos. El gobernador Albornoz respondió desde Salta y organizó una rápida expedición con doscientos españoles y trescientos indígenas aliados a los Valles Calchaquíes. En 1631 fundó una ciudad que llamó Nuestra Señora de Guadalupe, aunque se limitó a construir un fuerte y regresó a Santiago del Estero. Poco después le llegaron las noticias de un ataque al fuerte de Guadalupe que habían sido muertos la mayoría de sus ocupantes y otro en las cercanías de Londres, donde Chalimín puso en aprietos a los españoles. El general Luis de Cabrera intentó infructuosamente recuperar el agua y decidió abandonar la ciudad con su gente y trasladarse a La Rioja. La victoria de Chalimín puso bajo su dominio a toda la jurisdicción de Londres y animó a los indios de La Rioja, especialmente a las parcialidades del Valle de Famatina, caracterizadas por su gran número y belicosidad. En diciembre de 1631, Cabrera atacó a los indígenas reunidos en Machigasta, pero fue derrotado y los diaguitas pusieron sitio a La Rioja, a la que atacaron violentamente tres veces aunque sin lograr su destrucción. Cabrera fortificó entonces la quebrada por donde llegaba el agua a la ciudad y envió al capitán Gregorio de Luna hacia la Sierra de los Llanos a perseguir a los indios del pueblo de Atiles (de la etnia olongasta) a quienes causó gran cantidad de bajas. Un nuevo ataque del fuerte de la toma de agua terminó en una matanza de indígenas. Un refuerzo venido desde San Miguel a través del valle de Catamarca alivió la situación angustiante que vivía La Rioja. El gobernador de Chile, Francisco Laso de la Vega, envió un contingente a ayudar a los españoles del Tucunmán; en el camino derrotó a los indígenas que se habían sublevado en San Agustín del Valle Fértil y desde allí marchó hacia Guandacol, donde mató a muchos indígenas y capturó a mujeres y niños, regresando luego a Chile. Cabrera marchó hacia Famatina y Guandacol, encontrando los pueblos vacíos: las parcialidades indígenas se habían retirado hacia el norte, de moto que atacó el destruido pueblo de Tinogasta, donde obtuvo primero una victoria y consiguió capturar al cacique calchaquí Coronilla -que fue ejecutado por descuartizamiento- pero luego fue derrotado y obligado a regresar a La Rioja. Pese a que Chalimín permanecía en armas, consideró que había logrado pacificar la jurisdicción de La Rioja. La Real Audiencia de Charcas decidió relevar del mando militar a Albornoz y reemplazarlo por el Licenciado Antonio de Ulloa, que además reemplazaría al gobernador por un año en sus funciones civiles. A fines de mayo de 1633, Ulloa hizo una entrada con 270 españoles y 500 indios yanaconas a los Valles Calchaquíes, donde logró causar algunos daños y destruir sus propias cabalgaduras, por lo que se vio obligado a regresar a Salta. Por su parte, Cabrera atacó desde La Rioja los pueblos del oeste de la Sierra de Ambato, logrando someter a Saujil, Pisapanaco, Mutquín y Colpes. El 15 de Septiembre de 1633 refundó la ciudad de Londres en Pomán con todas las formalidades de la ley, y donde obligó a asentarse a quienes habían de la ciudad anterior hacia La Rioja. A principios de 1634, el gobernador Albornoz tomó nuevamente el mando de la guerra y refundó Guadalupe de Calchaquí. Cabrera, disgustado con el gobernador, abandonó el mando de las tropas, que pasaron a ser comandadas por Pedro Ramírez de Contreras, teniente de gobernador de Londres. Chalimín atacó Famatina, pero lo único que logró fue atraer el grueso de las tropas españolas en su persecución. Tras un primer ataque infructuoso, Ramírez de Contreras persiguió a Chalimín y a sus hombres durante dos años, fundando el fuerte del Pantano en Machigasta y el de San Felipe en Andalgalá. Finalmente, en 1637, ingresó al valle de Hualfín y logró capturar a Chalimín, que fue ahorcado y descuartizado. Los sobrevivientes huyeron a los Valles Calchaquíes y, por su parte, el gobernador Albornoz hizo una campaña prolongada en los Valles Calchaquíes, en la que no hubo grandes batallas pero logró hostigar a los indígenas lo suficiente com para que se sometieran a la encomienda. No fundó ciudades, pero los jesuitas establecieron dos misiones permanentes en Santa María y San Carlos. Una vez rendida la resistencia en los valles Albornoz volvió sobre los hualfines, dirigidos por el hijo de Chalimín, y los derrotó y apresó. Desde allí, los cuatrocientos hualfines y abaucanes sobrevivientes fueron enviados a la ciudad de Córdoba en carácter de encomendados. El resultado de los siete años de guerra fue una gran cantidad de muertos entre los indígenas, que además debieron admitir su completo sometimiento a la encomienda, al menos, en la región diaguita. Los Valles Calchaquíes fueron sometidos a una encomienda más nominal que real y ejercieron como refugio a los indígenas huidos desde el sur. Tercera Guerra Calchaquí La tercera Guerra Calchaquí se extendió por ocho años (1658-1667). Esta guerra tuvo la particularidad de que, en sus inicios, actuó un aventurero andaluz, Pedro Bohorquez, quien sostenía ser Inca, el Inca Hualpa, fue aceptado como líder militar por los paziocas. Bohórquez maniobró con astucia, obtuvo incluso el apoyo de los jesuitas y organizó un sólido ejército indígena de 6000 guerreros con el que mantuvo el control de la región durante varios años. Sin embargo, en 1959 se entregó a los españoles con la intención de ser indultado, quienes lo enviaron a Lima y, finalmente, lo ejecutaron mediante la horca. La confederación continuó la guerra dirigida por José Henríquez. Al ser vencido el señorío de los quilmes en 1665, que condujo la tercera guerra Calchaquí, los españoles dispusieron el completo desarraigo y deportación a los pagos pampeanos cercanos a Buenos Aires, de sus 11.000 miembros donde finalmente desaparecieron como etnia. En ese lugar hoy se levanta la ciudad de Quilmes. La guerra terminó el 2 de enero de 1667 al caer el último bastión diaguita (el de los acalianes o galianos), localizado en Amaicha del Valle. Los valles quedaron despoblados y la economía de Tucumán, seriamente afectada por décadas. Respecto de los deportados, al tener mayor contacto con los europeos, rápidamente perdieron población por las enfermedades y por las fugas. En 1812 la reducción fue abolida por el gobierno revolucionario, quedando en su manos la mayoría de la tierra y fundándose una villa.
Segunda Guerra Calchaquí La situación de los indígenas encomendados era muy dura, pero la escasez de españoles en el Tucumán les permitía cierto grado de autonomía. Cuando el gobernador Felipe de Albornoz llegó a Santiago del Estero para asumir su cargo, los curacas de los pueblos indígenas enviaron delegaciones para saludarlo, de acuerdo a las tradiciones. Entre ellos iban 200 indígenas de Hualfín con quienes, por causas que se ignoran, el gobernador se disgustó y mandó a azotar y cortarles el cabello, siendo esto una gran ofensa para los calchaquíes. El cacique de Hualfín, de nombre Chalimín, también conocido como Celemín, inició una rebelión contra los españoles. A su convocatoria, los distintos pueblos intercambiaban flechas como símbolo de alianzas y expulsaron y mataron a sus encomenderos. Las comunidades que participaron activamente fueron los diaguitas de las actuales provincias de Catamarca y La Rioja, pero también se incorporaron los calchaquíes, pulares y olongastas. El alzamiento se inició en julio de 1630 con la matanza del encomendero Juan Ortín de Urbina y su familia en el pueblo de Malcachisco y, seguidamente, hubo otros alzamientos. El gobernador Albornoz respondió desde Salta y organizó una rápida expedición con doscientos españoles y trescientos indígenas aliados a los Valles Calchaquíes. En 1631 fundó una ciudad que llamó Nuestra Señora de Guadalupe, aunque se limitó a construir un fuerte y regresó a Santiago del Estero. Poco después le llegaron las noticias de un ataque al fuerte de Guadalupe que habían sido muertos la mayoría de sus ocupantes y otro en las cercanías de Londres, donde Chalimín puso en aprietos a los españoles. El general Luis de Cabrera intentó infructuosamente recuperar el agua y decidió abandonar la ciudad con su gente y trasladarse a La Rioja. La victoria de Chalimín puso bajo su dominio a toda la jurisdicción de Londres y animó a los indios de La Rioja, especialmente a las parcialidades del Valle de Famatina, caracterizadas por su gran número y belicosidad. En diciembre de 1631, Cabrera atacó a los indígenas reunidos en Machigasta, pero fue derrotado y los diaguitas pusieron sitio a La Rioja, a la que atacaron violentamente tres veces aunque sin lograr su destrucción. Cabrera fortificó entonces la quebrada por donde llegaba el agua a la ciudad y envió al capitán Gregorio de Luna hacia la Sierra de los Llanos a perseguir a los indios del pueblo de Atiles (de la etnia olongasta) a quienes causó gran cantidad de bajas. Un nuevo ataque del fuerte de la toma de agua terminó en una matanza de indígenas. Un refuerzo venido desde San Miguel a través del valle de Catamarca alivió la situación angustiante que vivía La Rioja. El gobernador de Chile, Francisco Laso de la Vega, envió un contingente a ayudar a los españoles del Tucunmán; en el camino derrotó a los indígenas que se habían sublevado en San Agustín del Valle Fértil y desde allí marchó hacia Guandacol, donde mató a muchos indígenas y capturó a mujeres y niños, regresando luego a Chile. Cabrera marchó hacia Famatina y Guandacol, encontrando los pueblos vacíos: las parcialidades indígenas se habían retirado hacia el norte, de moto que atacó el destruido pueblo de Tinogasta, donde obtuvo primero una victoria y consiguió capturar al cacique calchaquí Coronilla -que fue ejecutado por descuartizamiento- pero luego fue derrotado y obligado a regresar a La Rioja. Pese a que Chalimín permanecía en armas, consideró que había logrado pacificar la jurisdicción de La Rioja. La Real Audiencia de Charcas decidió relevar del mando militar a Albornoz y reemplazarlo por el Licenciado Antonio de Ulloa, que además reemplazaría al gobernador por un año en sus funciones civiles. A fines de mayo de 1633, Ulloa hizo una entrada con 270 españoles y 500 indios yanaconas a los Valles Calchaquíes, donde logró causar algunos daños y destruir sus propias cabalgaduras, por lo que se vio obligado a regresar a Salta. Por su parte, Cabrera atacó desde La Rioja los pueblos del oeste de la Sierra de Ambato, logrando someter a Saujil, Pisapanaco, Mutquín y Colpes. El 15 de Septiembre de 1633 refundó la ciudad de Londres en Pomán con todas las formalidades de la ley, y donde obligó a asentarse a quienes habían de la ciudad anterior hacia La Rioja. A principios de 1634, el gobernador Albornoz tomó nuevamente el mando de la guerra y refundó Guadalupe de Calchaquí. Cabrera, disgustado con el gobernador, abandonó el mando de las tropas, que pasaron a ser comandadas por Pedro Ramírez de Contreras, teniente de gobernador de Londres. Chalimín atacó Famatina, pero lo único que logró fue atraer el grueso de las tropas españolas en su persecución. Tras un primer ataque infructuoso, Ramírez de Contreras persiguió a Chalimín y a sus hombres durante dos años, fundando el fuerte del Pantano en Machigasta y el de San Felipe en Andalgalá. Finalmente, en 1637, ingresó al valle de Hualfín y logró capturar a Chalimín, que fue ahorcado y descuartizado. Los sobrevivientes huyeron a los Valles Calchaquíes y, por su parte, el gobernador Albornoz hizo una campaña prolongada en los Valles Calchaquíes, en la que no hubo grandes batallas pero logró hostigar a los indígenas lo suficiente com para que se sometieran a la encomienda. No fundó ciudades, pero los jesuitas establecieron dos misiones permanentes en Santa María y San Carlos. Una vez rendida la resistencia en los valles Albornoz volvió sobre los hualfines, dirigidos por el hijo de Chalimín, y los derrotó y apresó. Desde allí, los cuatrocientos hualfines y abaucanes sobrevivientes fueron enviados a la ciudad de Córdoba en carácter de encomendados. El resultado de los siete años de guerra fue una gran cantidad de muertos entre los indígenas, que además debieron admitir su completo sometimiento a la encomienda, al menos, en la región diaguita. Los Valles Calchaquíes fueron sometidos a una encomienda más nominal que real y ejercieron como refugio a los indígenas huidos desde el sur.
Tercera Guerra Calchaquí
La tercera Guerra Calchaquí se extendió por ocho años (1658-1667). Esta guerra tuvo la particularidad de que, en sus inicios, actuó un aventurero andaluz, Pedro Bohorquez, quien sostenía ser Inca, el Inca Hualpa, fue aceptado como líder militar por los paziocas. Bohórquez maniobró con astucia, obtuvo incluso el apoyo de los jesuitas y organizó un sólido ejército indígena de 6000 guerreros con el que mantuvo el control de la región durante varios años. Sin embargo, en 1959 se entregó a los españoles con la intención de ser indultado, quienes lo enviaron a Lima y, finalmente, lo ejecutaron mediante la horca. La confederación continuó la guerra dirigida por José Henríquez. Al ser vencido el señorío de los quilmes en 1665, que condujo la tercera guerra Calchaquí, los españoles dispusieron el completo desarraigo y deportación a los pagos pampeanos cercanos a Buenos Aires, de sus 11.000 miembros donde finalmente desaparecieron como etnia. En ese lugar hoy se levanta la ciudad de Quilmes. La guerra terminó el 2 de enero de 1667 al caer el último bastión diaguita (el de los acalianes o galianos), localizado en Amaicha del Valle. Los valles quedaron despoblados y la economía de Tucumán, seriamente afectada por décadas. Respecto de los deportados, al tener mayor contacto con los europeos, rápidamente perdieron población por las enfermedades y por las fugas. En 1812 la reducción fue abolida por el gobierno revolucionario, quedando en su manos la mayoría de la tierra y fundándose una villa.
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