El
dilema de las cumbres
En las altas cumbres de la Cordillera de los Andes,
el silencio del hielo se ha convertido en el centro de una disputa que divide
al país. Los glaciares y el ambiente periglacial (ese suelo congelado que
funciona como una esponja natural) no son solo paisajes; son las reservas de
agua dulce que alimentan a los pueblos rústicos y a las grandes ciudades en
tiempos de sequía.
Sin embargo, recientemente ha tomado fuerza un
proyecto para reformar la ley que los protege desde hace años. Desde algunos
sectores gubernamentales y cámaras empresariales, se argumenta que las
restricciones actuales son "excesivas" y actúan como un freno que
impide el progreso. Según esta visión, el país necesita aprovechar sus recursos
minerales, como el cobre y el oro, para generar divisas, crear miles de puestos
de trabajo y sacar a regiones enteras de la pobreza. Para ellos, el área donde
no hay hielo visible debería ser una zona de oportunidad económica y
modernización tecnológica.
En la vereda de enfrente, el clima es de alerta.
Organizaciones de vecinos, grupos ambientalistas y científicos del IANIGLA (Instituto
Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales) sostienen que
tocar el ecosistema que rodea al glaciar es sentenciar a muerte el suministro
de agua para las futuras generaciones. Para estos grupos, el hielo es un
"bien común" sagrado e intocable, cuya protección está por encima de
cualquier ganancia monetaria inmediata. Sostienen que el bienestar de la
población y la salud de los ecosistemas son prioridades que el Estado no puede
negociar, basándose en la idea de que todos los habitantes nacemos con la
facultad de exigir un entorno equilibrado que permita nuestra supervivencia.
Mientras en las oficinas de las ciudades se discuten
leyes y se redactan nuevos artículos que permitirían el ingreso de maquinaria
pesada a zonas antes prohibidas, en los pueblos cordilleranos la gente se
pregunta: ¿Quién tiene el poder de decidir sobre algo que nos pertenece a
todos? ¿Es posible hablar de desarrollo si se pone en riesgo el elemento básico
de la vida? El debate sigue abierto, y cada palabra que se cambia en la ley
pesa tanto como el hielo que se intenta proteger.
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